En el corazón de Santo Domingo Este, específicamente en la calle Caamaño, los moradores están viviendo un verdadero calvario, ¡una vaina del otro mundo! Por más de dos años, las aguas estancadas han convertido su entorno en un foco de contaminación y enfermedades, una situación que, según ellos, es ‘caótica e inhumana’. No es un chiste, esta situación los tiene con la soga al cuello, con un aumento preocupante de mosquitos y las temidas epidemias que ya están afectando gravemente la salud de los que hacen vida allí. Es un pleito de nunca acabar, una desgracia que necesita solución ya.
La persistencia de estas aguas residuales, que literalmente forman ‘un brazo de mar’ y dificultan hasta el tránsito diario, no solo es una molestia, sino un grave problema de salud pública. En nuestro país, la proliferación de mosquitos por aguas estancadas es la principal causa de brotes de dengue, zika y chikungunya, enfermedades que pueden ser mortales. Además, el contacto con aguas negras representa un alto riesgo de contraer leptospirosis y otras infecciones gastrointestinales. Este tipo de negligencia es lo que tiene a la gente con los nervios de punta, ¡un relajo con la salud del pueblo!
Miguel Castillo, quien preside el bloque de la comunidad, no se ha quedado callado. Él y los vecinos están haciendo un llamado urgente a las autoridades competentes, como la Gobernadora de la provincia y Wellington Arnaud, el director de INAPA, para que le pongan el ojo a esta situación. La pasividad ante este problema ha transformado la vida de estas familias en un infierno, limitando su derecho a la movilidad y a vivir en un ambiente digno. ¿Cómo es posible que en pleno Siglo XXI, en la capital, la gente tenga que lidiar con un tollo así?
La historia de aguas estancadas en distintos sectores del Gran Santo Domingo no es nueva. Frecuentemente, la falta de mantenimiento de los sistemas de drenaje pluvial y sanitario, sumada a la mala disposición de residuos sólidos, agrava estas situaciones. Los ayuntamientos y las empresas de agua potable tienen la responsabilidad de garantizar infraestructuras adecuadas y su correcto funcionamiento. La comunidad de Caamaño no pide un lujo, pide una solución básica que les permita vivir como la gente, sin el miedo constante a enfermarse o a que sus niños pisen esa porquería.
El impacto social de esta problemática trasciende lo sanitario. La depreciación de los inmuebles, la dificultad para los comercios locales y el estrés psicosocial que genera vivir en un ambiente así, son un viaje de consecuencias negativas. Los niños no pueden jugar tranquilos, las guaguas tienen problemas para transitar, y el ánimo de la comunidad está por el suelo. Es un reflejo de cómo la ineficiencia gubernamental puede afectar el día a día del ‘tigueraje’ que solo busca echar pa’lante.
Ante la inacción, los vecinos han advertido que, de no recibir el auxilio esperado, están listos para llevar su ‘bochinche’ a las calles, iniciando protestas mayores. Es el hartazgo de ver su calidad de vida deteriorarse sin que nadie dé la cara. La salud y la dignidad de los dominicanos no son negociables, y esta situación en la calle Caamaño es un claro ejemplo de que, a veces, el pueblo tiene que meter presión para que las cosas se muevan. ¡Eso es así, klk!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




