¡Qué ‘vaina’! El ‘Fuetazo’ sigue activo: La cruda realidad del castigo a niños en RD

Aquí en la República Dominicana, la cosa con la disciplina infantil es un tema que da qué pensar. Según los datos fresquecitos de la ENHOGAR-MICS 2025, hay una contradicción que nos tiene a más de uno con los ojos pela’os. Resulta que, aunque la mayoría de los padres y cuidadores (un 87.9%) dice que no es necesario meterle mano a un muchacho para que aprenda, la verdad es que un alarmante 54.9% de los niños de 1 a 14 años experimentó algún método violento de disciplina el mes anterior a la encuesta. Esto nos demuestra que la conversación sobre el ‘castigo a niños’ es más compleja de lo que parece a simple vista, y que lo que se piensa no siempre es lo que se hace dentro de los hogares.

A pesar de esta cifra tan alta, no todo es un corre-corre. La misma encuesta reveló que ha habido una mejoría si comparamos con 2019, cuando el 63.5% de los menores había sido expuesto a este tipo de disciplina. Esa reducción de 8.6 puntos porcentuales es un respiro y rompe con el estancamiento que se había visto entre las mediciones de 2014 y 2019. Quiere decir que, aunque todavía queda un viaje por recorrer, algo se está moviendo y el ‘tigueraje’ de la disciplina violenta está cediendo terreno, aunque sea de a poquito.

Cuando desglosamos la cosa, vemos que el castigo físico afectó al 37.9% de los niños, mientras que las agresiones psicológicas —que incluyen gritos, insultos y palabras ofensivas— llegaron al 43%. Los castigos físicos severos, los que más duelen, se registraron en un 2.5% de los casos. Frente a 2019, hay una reducción de 12 puntos en el castigo físico y de siete en la agresión psicológica, lo que es un avance. Además, el uso exclusivo de métodos no violentos de disciplina subió al 31.2%, aunque, para ser honestos, los métodos violentos siguen siendo más frecuentes que la disciplina sin golpes ni gritos. ¡Qué vaina!

Pero, ¡ojo!, porque el promedio nacional no nos cuenta la historia completa. Las diferencias por quintiles de ingreso son tremendas. En 2025, el 60.3% de los niños del quintil más pobre sufrió disciplina violenta, comparado con el 41.4% de los del quintil más rico. Esa brecha de 18.9 puntos porcentuales es mucho más amplia que en 2019, cuando apenas era de cinco puntos. Esto significa que la mejoría que se ha visto en los últimos seis años no se ha repartido de la misma forma, y entre los hogares de menos recursos, la reducción ha sido mucho menor. La desigualdad en esta ‘chercha’ está bien marcada.

Y si hablamos de edades, los más chiquitos son los que se llevan la peor parte. Los niños de tres y cuatro años son los más expuestos, con un 61.4%, seguidos por los de cinco a nueve años con 57.9%. Aunque todos los grupos han mejorado desde 2019, la estructura se mantiene, y nuestros niños más indefensos siguen siendo los más vulnerables a estas prácticas. Es de una vez que hay que ponerle atención a esta situación.

Lo que sí nos deja pensando es otra aparente contradicción que revela la encuesta. Mientras la aplicación de métodos violentos disminuyó, la proporción de madres y cuidadores que considera necesario el castigo físico para educar a un niño subió del 8.8% en 2019 a un 12.1% en 2025. ¡Sí, escuchó bien! Es como si, por un lado, se está pegando menos, pero por otro, la gente cree más en que hay que pegar. Este aumento en la ‘aceptación declarada’ del castigo físico es un dato que, sin duda, nos invita a la reflexión y a investigar más a fondo la psicología de nuestra gente.

Para entender esta ‘distancia’ entre lo que se dice y lo que se hace, un estudio cualitativo de Unicef de agosto de 2026 nos da una luz. La investigación señala que hay un viaje de factores involucrados, como las experiencias de crianza de los propios adultos, las creencias sobre la autoridad, las condiciones de vida y esas normas sociales arraigadas que hacen que la violencia siga viéndose como una forma legítima de disciplina. Como bien resumió Carlos Carrera, representante de Unicef en República Dominicana, el desafío es demostrar que el respeto y la autoridad se pueden lograr sin violencia, sin tener que generar miedo en los pequeños. Hay que buscar herramientas, ‘manitos’, para que nuestras familias puedan establecer límites sin tener que recurrir a golpes ni gritos.

Estos resultados tan importantes provienen de la ENHOGAR-MICS 2025, una investigación monumental realizada por la Oficina Nacional de Estadística (ONE) con el apoyo de Unicef y la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales. Entrevistaron casi 30,000 hogares, lo que la convierte en una fuente robusta y principal para conocer las condiciones de vida y los derechos de la niñez y la adolescencia en nuestro país. Esto nos da una base sólida para entender la situación y buscar soluciones.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!

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