La República Dominicana vive momentos de profunda tristeza y preocupación, y es que los **feminicidios** se han vuelto una constante que nos tiene a todos con el corazón en un puño. Más de 30 mujeres han perdido la vida de manera violenta en lo que va de este año 2026, una cifra que, ¡ay, mi madre!, nos deja pensando en qué tipo de sociedad estamos construyendo. Esto no es solo un número; es un grito de auxilio que resuena en cada rincón de nuestro terruño, desde los barrios más humildes hasta las urbanizaciones más bacanas. La violencia de género sigue siendo una herida abierta que, lejos de sanar, parece agravarse con cada amanecer, dejando familias rotas y comunidades en shock. No es posible que vivamos esta ‘vaina’ de manera tan recurrente, sintiendo que cada día podría ser el último para alguna hermana, madre o hija.
El mes de mayo, que debería ser sinónimo de flores y alegría, se ha teñido de luto con seis casos de feminicidios en sus primeros quince días. Nombres como Providencia, Alfania, Esmeralda, Yessika, Nikaury y Diana ya no son solo datos estadísticos; son las caras de una tragedia que se repite. Estas mujeres eran el motor de sus hogares, estudiantes con sueños, emprendedoras con ganas de echar pa’lante. Sus muertes no solo impactan a sus seres queridos, sino que también sacuden la conciencia de la sociedad civil y las organizaciones de derechos humanos, que no se cansan de exigir acciones concretas. Es como si el tigueraje de la violencia machista estuviera montao en base, y las autoridades a veces se ven como en olla para frenarlo.
Históricamente, la violencia de género en el país ha sido un desafío persistente. Aunque tenemos la Ley 24-97 sobre Violencia contra la Mujer e Intrafamiliar, que fue un paso de avance, la implementación y la efectividad de estas normativas aún son un dolor de cabeza. A menudo, las denuncias no se manejan con la celeridad o la seriedad que ameritan, o las órdenes de alejamiento se quedan en papel mojado. Muchas víctimas, por miedo o por dependencia económica, no se atreven a denunciar, o si lo hacen, no encuentran el respaldo necesario para salir del ciclo de la violencia. Es una vaina que se ha convertido en un problema de rompe y raja, donde la prevención y la protección deben ser de una vez por todas una prioridad nacional.
Más allá de las leyes, hay factores sociales y culturales arraigados que alimentan este flagelo. El machismo, la impunidad percibida y la falta de educación en igualdad de género contribuyen a que esta situación siga siendo un viacrucis. Cada feminicidio deja huérfanos, madres sin hijas y comunidades marcadas por la tristeza. El impacto psicológico en los sobrevivientes y en la sociedad en general es inmenso. Necesitamos un cambio de mentalidad, un coro de gente de bien que se levante y diga ‘¡basta ya!’ a esta barbarie. Porque, aseguramos, la seguridad de nuestras mujeres es un asunto que nos compete a todos, no solo a la Policía o la Justicia.
El llamado de los colectivos sociales, de los familiares de las víctimas y de las instituciones especializadas es claro: necesitamos políticas públicas más robustas, campañas de sensibilización más efectivas y un sistema de justicia que garantice la protección y la reparación a las víctimas, y el castigo ejemplar a los agresores. No podemos permitir que estos crímenes se normalicen o que la ‘chercha’ de la indiferencia nos arrope. Es el momento de actuar con decisión para que el futuro de nuestras mujeres sea libre de violencia, un futuro donde puedan vivir tranquilas y seguras, sin el constante miedo que ahora mismo las tiene en un estado de zozobra. Solo así podremos decir que estamos echando pa’lante de verdad como país.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




