El juicio por el trágico colapso del techo de la discoteca Jet Set, que involucra a Antonio y Maribel Espaillat, se puso bien tenso en un momento clave. Durante el contrainterrogatorio al ingeniero Leonardo de Jesús Reyes Madera, un testigo del Ministerio Público, la defensa no se anduvo con rodeos y le cuestionó de una vez la consistencia de su Peritaje Estructural. Este es un punto neurálgico en el proceso, pues la calidad de la prueba técnica puede inclinar la balanza en un caso tan delicado y con consecuencias tan graves.
El abogado Jorge Luis Polanco, parte de la defensa, llevó el interrogatorio con un ‘tigueraje’ que dejó a muchos mirando. Él confrontó al perito con las bases de su trabajo, desde el levantamiento físico de la estructura hasta los cálculos que se hicieron usando el programa especializado STAAD. La discusión giraba en torno a la precisión y la metodología empleada, elementos fundamentales cuando se busca establecer la verdad detrás de una tragedia que, según los reportes, cobró la vida de 236 personas y dejó a más de 80 con heridas.
Polanco, con su estilo directo, apuntó que había diferencias marcadas entre la cantidad de vigas que el ingeniero identificó en el levantamiento físico y las que luego representó en el modelo digital usado para sus cálculos. ‘¿Podrían esas diferencias incidir en los resultados del análisis presentado?’, preguntó, poniendo en duda la robustez técnica de las conclusiones de Reyes Madera. Una ‘vaina’ así, en un juicio de esta magnitud, puede significar un cambio drástico en cómo se interpreta la evidencia.
La defensa está firme en su posición: los datos que se presentan en el peritaje tienen incompatibilidades que el tribunal debe aclarar antes de darle un peso definitivo a esa prueba. Este tipo de debates sobre la calidad y exactitud de los peritajes son vitales, ya que no solo afectan la justicia de este caso particular, sino que también sientan precedentes sobre la rigurosidad con la que se evalúan las estructuras en nuestro país. La seguridad de las edificaciones es un tema sensible en la República Dominicana, y la memoria de tragedias pasadas nos recuerda la importancia de la ingeniería bien hecha.
El intercambio en la sala fue candela, con objeciones constantes de las otras partes. Sin embargo, Polanco no dio su brazo a torcer, insistiendo en que su objetivo era desmenuzar cómo se construyó ese modelo estructural y qué informaciones se usaron para llegar a esas conclusiones tan trascendentales. Es una labor minuciosa, pero imprescindible para asegurar que no quede ni una sola duda sobre la solidez de la argumentación técnica.
El abogado de los propietarios de la Jet Set fue más allá, cuestionando el rigor técnico de la prueba del Ministerio Público. Para él, las diferencias que señaló podrían generar una confusión tremenda sobre cómo estaba el inmueble antes de venirse abajo. Es decir, si el modelo no refleja la realidad, ¿cómo se puede determinar con certeza qué falló? La pregunta es de peso y busca que el tribunal tenga una visión clarísima de lo que pasó en ese lugar.
En medio de toda la chercha y el debate, Polanco alzó la voz para dejar claro que la defensa buscaba que el tribunal viera esas inconsistencias en la evidencia técnica. Con una exclamación que resonó en la sala, dijo: ‘¡Aquí se reproduce la verdad!’. Esta afirmación subraya la seriedad con la que la defensa está abordando este caso, buscando que la verdad salga a la luz en cada detalle, por más técnico que sea. La comunidad dominicana espera respuestas claras y justicia para las víctimas de esta lamentable tragedia.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



