La discusión sobre el nuevo Código Penal dominicano ha encendido las alarmas en todo el patio. Lo que algunos llaman ‘Ley Mordaza’ es el centro de un debate que pone en jaque uno de nuestros pilares fundamentales: la libertad de expresión. Específicamente, el Artículo 310, que criminaliza el ‘ultraje’ a funcionarios públicos, parece diseñado para silenciar cualquier crítica, blindando a los que ostentan el poder. ¡Una verdadera `vaina` que no se puede permitir!
Este artículo choca de frente con el espíritu de nuestra Constitución. Según el Artículo 40.15, una ley solo puede ser justa y útil para la comunidad, no para amordazar al pueblo. Entra en conflicto directo con el Artículo 49, que garantiza el derecho a expresar libremente ideas y opiniones, sin censura previa. Es un descaro ignorar estos derechos básicos, establecidos para que el dominicano no se vea compelido a la rebelión contra la tiranía, tal como proclama la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.
Frente a esta situación, han surgido voces valientes. El `tigueraje` de Somos Pueblo, con Ricardo Ripoll y Eduardo Sánchez Tolentino, ha declarado su disposición a enfrentar las consecuencias antes que callar. Su llamado a la desobediencia civil pacífica es un ejemplo claro de que el pueblo no se dejará intimidar. No hablan de pólvora, sino de una resistencia firme, demostrando que esta ‘Ley Mordaza’, diseñada para tapar una boca, se topó con un coro entero.
Ripoll ha anclado sus argumentos en tratados internacionales que tienen jerarquía constitucional. El Artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH), el ‘Pacto de San José’, ratificado por nuestro Congreso en 1978, consagra la libertad de pensamiento y expresión. Este es un derecho de aplicación directa e inmediata según el Artículo 74.3 de la Constitución. ¡Una disposición que está por encima de cualquier intento legislativo de restringir lo que la gente puede decir!
Históricamente, el pueblo dominicano ha demostrado resiliencia ante intentos de coartar sus libertades. Desde la independencia hasta las jornadas por la democracia, la voz del ciudadano ha sido la fuerza que ha derrocado tiranías. Esta `vaina` de la ‘Ley Mordaza’ es otro capítulo en esa historia, pero el espíritu de defensa de la libre expresión sigue vivo. No es una `chercha` ni un juego; es la esencia de nuestra identidad democrática la que está en juego.
Cuando una ley, aunque lleve la Gaceta Oficial, carece de legitimidad por ir en contra de los derechos fundamentales, el pueblo tiene la última palabra. El dominicano no se va a dejar cercenar la libertad de expresión. Es fundamental que cada ciudadano esté atento y participe en la defensa de estos derechos, para que esta iniciativa no prospere y nuestra democracia siga siendo un sistema `bacano` donde la voz de todos sea escuchada. ¡No podemos permitir que nos quiten este derecho tan chulo!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



