Si eres de esas personas que casi ha volcado su vida en el uso de ChatGPT u otras herramientas similares de inteligencia artificial y recurres a ella varias veces en el día para que te ayude con el trabajo o con cualquier duda, quizá sin darte cuenta estés dejando de pensar por ti mismo.
Esa es, en resumen, la advertencia del psicólogo de Harvard, Alexander Puutio, que ha dado la voz de alarma: “Tu mente corre el riesgo de ablandarse con la IA”.
Y es que, lo que antes se vendía como la gran herramienta para democratizar el conocimiento, señala Puutio, ahora puede convertirse en un problema muy peligroso porque nadie se está dando cuenta del daño que realmente está haciendo.
“Ya no se trata solo de qué recordamos o cómo lo hacemos, sino de si llegamos siquiera a molestarnos en pensar”, explica. El riesgo, dice, es que el humano pase de apoyarse en la IA como ayuda puntual a delegarle por completo casi su capacidad de pensar por sí mismo.
En psicología se conoce como cognitive offloading, es decir, derivar una parte del esfuerzo mental a otro sistema. No es algo nuevo, ya que esto se lleva siglos haciéndose, pero ahora la cosa se pone aún más fea y ya no se trata de no recordar el número de teléfono de tu madre o del camino al trabajo porque usas un móvil o Google Maps.
El problema ahora es que la IA generativa que toma forma de chatbots va un paso más allá: ya no solo recuerda, también escribe, razona e incluso decide por nosotros. Y lo que parece una maravilla de la tecnología, que lo es, en realidad puede tener un precio muy caro que es perder facultades cerebrales únicas del ser humano.
Estudios que demuestran que pensar menos por culpa de la IA nos está pasando factura
Un estudio de Michael Gerlich y compañeros de la SBS Swiss Business School analizó a más de 600 personas y encontró una relación: cuanto más usaban IA, menor era su capacidad de pensamiento crítico. De forma simple, a más dependencia de la máquina, menos agilidad mental para analizar por tu cuenta.
Otro equipo formado por investigadores de Carnegie Mellon y Microsoft Research fue más allá y analizaron cómo los trabajadores de oficina ven su manera de pensar cuando usan IA. La conclusión fue que la confianza en la máquina está asociada a hacer menos esfuerzo crítico, mientras que la confianza en uno mismo dice lo contrario. “Cuanto más confías en la IA, menos piensas; cuanto más confías en ti, más piensas”, resumen.
Para Puutio, la respuesta o la posible solución de todo esto no está en dejar de usar estas tecnologías, sino en reaprender cómo el ser humano las usa.
“Nos está atrofiando el pensamiento”
Lo cierto es que no cabe duda de que la inteligencia artificial es increíblemente útil. Ahorra tiempo, ayuda a ser más productivos y, en muchos casos, hace cosas que no se podrían hacer solos. Pero aquí está el problema, y cuando se delega demasiado en la IA, nuestro cerebro se vuelve perezoso.
Piensa en cómo aprendemos. Cuando el cerebro humano trabaja duro para encontrar una solución. Ese proceso hace a las personas más inteligentes, más creativos y más capaces. Pero si se deja que la IA haga todo el trabajo, ¿qué se está aprendiendo realmente? Nada. Simplemente se siguen instrucciones.
La experta lo explica así: “La IA es como una muleta. Si la usas todo el tiempo, tus músculos se debilitan”. Y tiene razón. Cuando se depende demasiado de estas herramientas, se pierde la capacidad de pensar de forma crítica y de resolver problemas.
Un ejemplo claro es el lenguaje. Cada vez más personas usan IA para redactar textos, desde correos electrónicos hasta informes. Pero, ¿qué pasa cuando necesitas escribir algo sin ayuda? Muchos se quedan en blanco, sin saber por dónde empezar. La IA está provocando que muchos pierdan práctica en algo tan básico como comunicarse.
Otro punto preocupante es cómo la IA afecta a la creatividad. Cuando se usan herramientas como ChatGPT o DALL-E para generar ideas o imágenes, se está dejando que la máquina haga el trabajo creativo por nosotros. Pero la creatividad no es solo tener ideas; es el proceso de darles forma, de experimentar, de equivocarse y volver a intentarlo.
Si se deja que la IA haga todo eso, ¿qué nos queda a nosotros? Según una experta entrevistada por La Vanguardia, el ser humano se está convirtiendo en consumidor pasivo de creatividad, en lugar de creadores activos. Y eso es un problema, porque la creatividad es una de las habilidades más importantes que tenemos.
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