Anastasia Marchenkova está clara: la respuesta postcuántica de Bitcoin se disparó ‘de un pronto’, más rápido que cualquier debate anterior. Es una vaina que ha sorprendido a mucha gente en el ecosistema cripto, porque cuando la cosa se pone seria, el ‘tigueraje’ se activa rápido y hay que buscar soluciones de una vez.
Lo que puso la respuesta postcuántica en modo turbo fueron los informes de Google y Caltech del 30 de marzo. Esos papeles, que no eran un juego, bajaron drásticamente las estimaciones de cúbits necesarios para romper la criptografía de Bitcoin. Antes se hablaba de mucho más, ahora, hasta con 10,000 cúbits de átomos neutros podría ser posible. Eso puso a todo el mundo a pensar: ‘¡klk!’ con esto y cómo le metemos mano.
Después de ese bombazo, se armó un ‘coro’ de una vez en la comunidad. Adam Back, cofundador de Blockstream, quien antes decía que había una década para la migración, ahora ve la urgencia. Empresas como Cloudflare, Grayscale y Coinbase también se pusieron las pilas, anunciando sus planes de migración postcuántica para 2029. Se ve que no es chercha, el asunto es serio y hay que meterle la mano ya.
Entre las soluciones propuestas, la BIP-361 de Jameson Lopp y sus coautores es una de las que más dio de qué hablar. Esta ‘vaina’ tiene tres fases: una migración voluntaria inicial, luego invalidar firmas viejas (lo que afectaría los Bitcoin de Satoshi, ¡imagínate!), y finalmente un mecanismo para quienes no quieren revelar sus claves. Obviamente, esta propuesta generó su debate y su ronchita, porque tocar los fondos de Satoshi es un tema delicado.
Pero ojo, que no es la única opción que anda en la calle. Hay ‘un viaje de’ iniciativas moviéndose para blindar a Bitcoin. Desde una propuesta de StarkWare para migrar usando funciones hash sin cambiar el protocolo (aunque cueste sus chelitos por transacción), hasta SHRIMPS de Blockstream que trajo un nuevo esquema de firmas postcuánticas. Y antes de todo este alboroto, ya estaba la BIP-360 con sus direcciones P2MR, mostrando que la inventiva no se detiene.
En medio de todo este acelere, hay quienes dicen que Ethereum ‘está de lo más bien’ y con ventaja en esta carrera. La Fundación Ethereum formó su equipo postcuántico hace rato, co-auspició uno de los estudios de Google y hasta tiene 2 millones de dólares en premios para investigar esta ‘vaina’. Bitcoin, al no tener una gobernanza centralizada, se la ve un poco más cuesta arriba para coordinar una migración de esa magnitud, aunque su comunidad siempre ha demostrado ser resiliente.
La verdad es que la velocidad con la que se ha movido este debate y la cantidad de propuestas que han surgido es una clara señal. La migración que muchos veían lejana, ahora está ahí, cerquita. El ‘tigueraje’ del desarrollo no se ha quedado atrás y está enfrentando este desafío de frente, porque al final del día, es el futuro de Bitcoin lo que está en juego y nadie quiere que se le dañe el ‘bacaneo’.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




