No faltan quienes, al imaginar el mundo de la IA, prevén robots funcionando con esta tecnología y pululando de aquí para allá. Un poco en plan películas de ciencia ficción como Estado eléctrico o, los más catastrofistas, al más puro estilo Matrix o Terminator. En ese escenario, la IA dejaría de ser una solución virtual para tener presencia física. ¿No? Bueno, pues eso ya sucede.
Y no nos referimos a robots como el modelo Optimus de Elon Musk o prototipos parecidos que prometen estar en cada casa pronto, pero cuyo desarrollo se prolonga eternamente. La inteligencia artificial capaz de interactuar con el mundo físico ya existe, y se llama IA encarnada. Por si fuera poco, un nuevo estudio advierte que sí, puede ser un peligro en toda regla.
¿Qué es la IA encarnada y qué usos suele tener?
La inteligencia artificial está más presente que nunca en el mundo, eso es un hecho. Para muchos, también un riesgo. Sin embargo, los expertos diferencian entre la inteligencia artificial como un sistema capaz de “pensar” o procesar información de manera, digamos, abstracta, y aquella otra que sí tiene un cuerpo físico, por así llamarlo. Esta última es la IA encarnada.
Puede que el término pueda parecer más preciso y acertado o menos, pero es el que muchos especialistas han elegido. ¿Y en qué consiste exactamente? Como es natural, la IA encarnada acostumbra a asociarse con robots; se trata de una buena asociación, de hecho, pero no la única. Además, tampoco hoy en día es la más común. También incluiría a los drones o algunos avatares.
Las características que una inteligencia artificial debe tener para considerarse encarnada, al menos por lo general, pasan por tener una percepción y una acción. La primera suele estar formada por cámaras o micrófonos que, de alguna forma, le permitan “sentir” el entorno. Para poner en práctica la segunda, existen muchas alternativas: brazos mecánicos, ruedas, etc.
También ruedas. Porque aunque quizá pienses en robots humanoides, la IA encarnada no es solo eso. El robot doméstico que calcula una ruta y tanta gente tiene en casa, entraría dentro de este grupo. Lo mismo que los vehículos autónomos que propone Elon Musk, o esos enormes brazos robóticos que trabajan en muchas fábricas y cadenas de montaje. No son algo tan inusual, después de todo.
Un peligro a tener en cuenta, dice un estudio
Al ser aparatos físicos, el primer riesgo de la IA encarnada (Embodied AI o EAI en inglés) es lógicamente físico. Los coches autónomos son un buen ejemplo: accidentes, daños y demás. Pero no es el único riesgo, dice un estudio publicado por la Universidad Cornell. También la vigilancia masiva, por sus capacidades para monitorizar el entorno, es un peligro para la privacidad.
Por no hablar de que, a la larga, la evolución del sector podría llevar a que muchos profesionales fuesen definitivamente sustituidos por máquinas. ¿La solución que proponen? Una regulación más exhaustiva, precisa y, en definitiva, eficaz para solucionar un problema que está ahí. En este caso, perfectamente visible. Hasta se puede tocar.
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Etiquetas: Inteligencia artificial
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).





