¡Atención, mi gente de Santiago! La situación en torno al Centro de Capacitación para Ciegos (CECAPCI) tiene a las familias en pie de guerra, ¡y con razón! Desde hace casi cuatro meses, este centro vital para la educación especial de nuestros niños con neurodiversidad y personas con discapacidad visual, tiene sus puertas cerradas, dejando a más de 1,500 hogares en el aire. La vaina es que las autoridades del Ministerio de Educación, asegún los afectados, han brillado por su ausencia, y ahora un coro de padres y madres desesperados ha convocado una manifestación por tiempo indefinido, a partir del martes 28 de abril. El `Cierre CECAPCI` es una prioridad que clama por atención urgente.
Este limbo educativo no es un relajo, es un golpe bajo que está provocando retrocesos significativos en los avances que estos chulos con autismo y otras dificultades de aprendizaje habían logrado con tanto esfuerzo. Imagínense el esfuerzo que le meten las familias, los terapeutas y los mismos niños para alcanzar pequeñas victorias, para que de un día para otro, todo se paralice. Es un viacrucis que afecta no solo el desarrollo académico, sino también el bienestar emocional y social de esta población tan vulnerable, que requiere atención continua y especializada. Es una verdadera pena ver cómo el futuro de estos talentos se pone en pausa.
Aquí no estamos pidiendo un favor, ¡qué va! Se trata de un derecho fundamental garantizado por nuestra Constitución, el derecho a una educación inclusiva y de calidad para todos, sin importar su condición. El Estado dominicano tiene la obligación de asegurar que centros como CECAPCI, que son pilares en la formación de talentos especiales, no quiebren por falta de gestión. La inacción de las autoridades en Santo Domingo es una desconsideración mayúscula que vulnera la dignidad y el futuro de una comunidad que depende enteramente de estos programas. Esto no está de lo más bien, ni cerca.
Históricamente, la educación especial en nuestro país ha sido una asignatura pendiente, con avances a paso de tortuga y muchísimos desafíos. CECAPCI, por ejemplo, representa uno de esos pocos oasis de esperanza donde se ofrece una atención integral y programas ajustados a las necesidades específicas de cada individuo. Su cierre no solo es un problema administrativo; es un síntoma de la falta de prioridad y el poco ‘tigueraje’ que se le da a la educación especial, a pesar de las leyes y los compromisos internacionales que hemos firmado. Es hora de que el ‘Gobierno’ le preste atención a esta situación.
Las familias ya están cansadas de esperar y han dejado claro que se mantendrán firmes en su protesta hasta que haya una solución concreta y definitiva. No buscan promesas vacías, sino acciones que garanticen la reapertura inmediata y la continuidad operativa del centro. Esta es una lucha por la inclusión, por la equidad y por el futuro de nuestros niños. El gobierno tiene la palabra, y ojalá que se pongan las pilas de una vez y por todas para resolver este embrollo que afecta a un viaje de gente. ¡Eso sí que sería bacano!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




