En el mundo de la tecnología, como en la vida, cuando se cierra una puerta, se abre una ventana, pero a veces también sucede lo contrario: cuando las empresas tienen vía libre para llevar a cabo sus planes, encuentran distintos obstáculos para ejecutarlos, principalmente legales.
Algo así le ha pasado recientemente a Nvidia, que, a pesar de que hace unos días anunciaba que la Administración de Donald Trump le había dado luz verde para exportar sus chips de inteligencia artificial H20 a China, ahora se ha encontrado con la negativa del país receptor, que no se fía nada de sus intenciones.
Hace unos días, el portal CNBC adelantaba que la Administración del Ciberespacio de China (CAC, por sus siglas en inglés) había confirmado que Nvidia se había reunido con funcionarios de Pekín para abordar las posibles preocupaciones de seguridad nacional que planean estos chips.
Esto, porque China cree que con estos chips, sustitutos en cierto modo del procesador H100, Estados Unidos pretendía acceder a información confidencial del país, al integrar en ellos tecnologías de “seguimiento y posicionamiento”, así como de “apagado en remoto”.
“Sin puertas traseras, interruptores de seguridad o spyware”
La compañía tecnológica dirigida por Jensen Huang ha compartido recientemente un comunicado en el que defiende su trabajo en el diseño de procesadores y asegura que su producto está limpio y que ha sido acusado injustamente por parte de las autoridades chinas.
En primer lugar, ha recordado que sus GPUs están integradas en todo tipo de sistemas, desde “secuenciadores de ADN, sistemas de seguimiento de radares de tráfico aéreo o de gestión del tráfico urbano”, hasta supercomputadoras, máquinas de casino y consolas de videojuegos.
Con ello, ha recordado que, para mitigar el riesgo de uso indebido de estos chips “algunos expertos y legisladores proponen exigir interruptores de seguridad de hardware o controles integrados que puedan desactivar las GPU de forma remota sin el conocimiento ni el consentimiento del usuario”.
Así, ha reconocido que sus chips “no tienen ni deberían tener interruptores de seguridad ni puertas traseras”, ya que cree que eso “sería un regalo para hackers y actores hostiles”, tal y como señalado en su blog, donde ha opinado que “los controles de un solo punto codificados de forma rígida siempre son una mala idea”.
En ese sentido, al integrar los sistemas que China asegura que tienen sus H20, “debilitaría la infraestructura digital global y socavaría la confianza en la tecnología estadounidense”. “La legislación vigente exige, sabiamente, que las empresas soluciones las vulnerabilidades, no que las creen”, ha puntualizado.
Herramientas de software frente a trampas de hardware
Desde Nvidia también han señalado que abogan por funciones de software opcionales, controladas por el usuario, “no puertas traseras de hardware”, debido a que integrar un interruptor de seguridad en un chip es “un fallo permanente que se escapa al control del usuario”, además de que supone “una invitación abierta al desastre”.
Asegurando que “la integridad del hardware debe ser imparcial y no negociable”, la tecnológica le ha cerrado la puerta en las narices a China para que no tenga dudas acerca de su manera de proceder, con una frase lapidaria que ha cerrado el escrito.
“Los chips de Nvidia no tienen puertas traseras. No hay interruptores de seguridad, no hay spyware. Así no se construyen los sistemas confiables y nunca lo serán”, ha concluido que está en la necesidad de defender este semiconductor porque le genera miles de millones de dólares en ingresos trimestrales.
Nuevamente, Nvidia está en una situación muy delicada, una tónica que se mantiene desde que Donald Trump asumiera su cargo como presidente de Estados Unidos y que le ha llevado a estar al borde del abismo por su veto en China. Ahora, es la primera potencia asiática la que debe responder y demostrar si le convencen estos argumentos.
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