¡Qué lío! El famoso Falcon 50, que en su momento fue protagonista del sonado caso ‘Air Cocaine’ tras ser incautado con 700 kilos de la ‘mercancía’ en Punta Cana, se ha quedado sin dueño en la reciente subasta del Incabide. Se ofertó por 95.2 millones de pesos, una suma considerable de 1.59 millones de dólares, pero nadie le echó el ojo. La verdad es que el avión Air Cocaine se ha convertido en un verdadero ‘cachivache’ que nadie se atreve a tocar, y no es por falta de ‘chelitos’, sino por ‘vaina’ de burocracia y deterioro.
El misterio alrededor de este ‘pajarito’ es profundo. No hay un peritaje público que revele su estado actual, y después de 13 años fuera de servicio, sin una ‘mano amiga’ que le dé mantenimiento, las dudas sobre su condición técnica son ‘un viaje’. Omar Chahín, el presidente de la Asociación de Líneas Aéreas, lo dejó claro: el valor de un avión no es solo la chapa; es su historial técnico completo, las bitácoras que cuentan cada minuto de su vida. Sin esos ‘papeles’, es imposible saber qué tiempo de vida útil le queda o si es un ‘tigueraje’ arriesgarse a comprarlo.
La ausencia de estos ‘logbooks’ o bitácoras es un problema gordo. En operaciones contra el ‘crimen organizado’, estos documentos suelen desaparecer. Sin ellos, las autoridades de aviación internacional simplemente no te dan el certificado de aeronavegabilidad, lo que significa que el avión no puede volar legalmente. Un comprador potencial tendría que meterse en un proceso de recertificación costoso y a ciegas, lo que, para ser honestos, es una ‘gracia’ que pocos están dispuestos a pagar.
A esto se le suma el ‘sazón’ del clima dominicano. Trece años a la intemperie o en un hangar sin el protocolo adecuado en un ambiente tropical, con humedad y salinidad ‘por to’a parte’, le pasa factura a cualquiera. Los técnicos se ponen las manos en la cabeza pensando en la corrosión del aluminio, el estado de las turbinas Honeywell que seguro necesitan un mantenimiento mayor –o hasta un cambio completo–, y ni hablar de los sistemas hidráulicos y electrónicos, que deben estar ‘tostados’ o llenos de moho. Es una ‘chercha’ de problemas que espanta a cualquier comprador serio.
A pesar de este panorama ‘medio feo’, la ingeniería aeronáutica no descarta por completo que el avión pueda volver a surcar los cielos. La cuestión no es si se puede, sino si ‘vale la pena’. Chahín lo puso así: ‘El avión puede volver a volar con el debido mantenimiento, pero habría que ver y evaluar si el mantenimiento que hay que hacer del avión es más costoso de lo que el avión vaya a valer al momento de hacer el mantenimiento’. En resumen, la matemática financiera es la que tiene la última palabra aquí, no la capacidad técnica. Es un ‘quítame esa paja’ para las finanzas.
El caso ‘Air Cocaine’ en sí ha sido una novela ‘jevi’. Recordamos a los franceses Nicolas Pisapia, Alain Castany, Pascal Fauret y Bruno Odos condenados a 20 años en RD, aunque siempre alegaron inocencia. Luego, los giros inesperados: Castany liberado por salud, Pisapia con libertad condicional. Y la ‘escapadita’ de Fauret y Odos en 2015, saliendo del país en lancha para Francia, donde, después de un nuevo proceso, terminaron absueltos en 2021. Una ‘vaina’ digna de una película de Netflix, que, por cierto, ya tiene su documental. Todo un ‘coro’ de intrigas internacionales.
Este caso no solo deja el avión como un dolor de cabeza, sino que también plantea interrogantes sobre la gestión de bienes incautados por el Estado dominicano. Si activos de este calibre se deterioran hasta ser inservibles, ¿qué se hace con ellos? Es un desafío importante para instituciones como Incabide, que tienen que lidiar con estos ‘pepinos’ que, al final, pueden resultar más caros de mantener que de vender. Es una situación compleja que requiere de una ‘mirada diferente’ para evitar que otros bienes terminen como este ‘cachivache’ al que nadie le pone la mano.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




