La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha soltado una información que nos da un respiro en medio de un tema tan delicado: República Dominicana registra tasas de suicidio menores que varios países de la región. Esto, mi gente, es significativo, considerando que, a nivel global, el suicidio se lleva la vida de unas 727,000 personas cada año, siendo la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29. Aquí en el patio, aunque estemos mejor ‘rankeaos’, la lucha contra esta realidad es constante.
A pesar de que nuestras tasas de suicidio son relativamente bajas –un 4.2 por cada 100,000 habitantes en general–, hay una vaina que nos llama mucho la atención: la marcada disparidad entre hombres y mujeres. Los datos de la OMS revelan que la tasa masculina es de 6.93, más de cuatro veces superior a la femenina (1.49). Esto nos hace pensar cómo el ‘tigueraje’ y la presión de ser ‘el fuerte’ a menudo impiden que los hombres busquen ayuda, guardando sus penas. El suicidio, en estos casos, es un grito silencioso.
Mirando el panorama regional, la verdad es que estamos de lo más bien en comparación con países como Uruguay y Guyana, con tasas altísimas de 24.8 por cada 100,000, o incluso Cuba con un 13.8. Con to’ y to’, no podemos echarnos a dormir creyendo que estamos en un paraíso libre de esta problemática. Aunque estemos un chin por encima de Honduras, Panamá o Perú, cada vida cuenta y cada historia de dolor es un llamado a la acción. No se trata solo de números fríos, sino de gente que está ‘en olla’ y necesita un empuje.
Otro dato que nos pone a pensar es cómo el suicidio impacta a los diferentes grupos de edad en la RD. Es fuerte saber que las personas mayores de 70 años son las que presentan la tasa más elevada, con un 10.9 por cada 100,000. Esto nos hace reflexionar sobre la soledad, las enfermedades crónicas y la falta de apoyo que enfrentan nuestros viejitos en una sociedad que a menudo los deja a un lado. Es una pena que después de echar un viaje de pleitos, algunos sientan que no hay salida.
La prevención es la clave, mi gente. La OMS insiste en que muchísimos suicidios se pueden evitar con intervenciones a tiempo y un buen acceso a la salud mental. Pero la verdad es que aquí todavía existe una estigmatización ‘heavy’ con eso de los trastornos mentales. Mucha gente se avergüenza de buscar ayuda, pensando que ‘eso es vaina de locos’ o ‘hay que tener fe y ya’. Es vital romper con esos tabúes para que la gente se sienta cómoda hablando de lo que le pesa sin miedo a ser juzgada. Un ‘coro’ familiar o de amigos ayuda, pero no siempre es suficiente.
La relación entre el suicidio y vainas como la depresión, el consumo de alcohol o los problemas económicos es innegable. Cuánta gente no conocemos que, por estar en una situación de crisis, con ‘un lío de mangú’ por la plata, conflictos de pareja o enfermedades, siente que el mundo se le viene encima. Es un llamado urgente a que, como sociedad, seamos más empáticos y estemos más pendientes los unos de los otros. Hay que apoyar a quienes están en la lona, ofrecer una mano y recordarles que siempre hay una luz.
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