Los apagones constantes en Santo Domingo Este tienen a la gente con la paciencia al límite, ¡una vaina que está de lo más mal! Sectores completos están sumidos en la oscuridad por horas y horas, y el calor, ¡ay, mi madre!, ese está poniendo la situación insoportable, como si uno viviera en un horno prendío’. EDESTE, la distribuidora que supuestamente nos sirve, parece que está en otro relajo, porque la calidad del servicio, klk, ni se ve.
La indignación sube como la espuma, porque, ¿cómo es posible que mientras el servicio baja un viaje, las facturas vienen más gordas que nunca? Es un golpe al bolsillo que está matando a cualquiera. Históricamente, EDESTE ha enfrentado críticas por su gestión, y esta no es la excepción. La gente ya no sabe si reír o llorar con esta situación, que se repite año tras año, especialmente en los meses de calor, complicando aún más la vida en los hogares dominicanos.
El drama no es solo la incomodidad de no tener abanico o aire. ¡Na’ de eso! Es un golpe directo a la economía familiar y de los pequeños negocios. Colmaderos y dueños de minimarkets están perdiendo mercancía —carnes, lácteos, embutidos— que se dañan de una vez por la falta de refrigeración. Las amas de casa, por su parte, ven cómo la comida se les echa a perder, y en estos tiempos de alto costo de la vida, esa vaina duele más que un pellizco, afectando directamente la canasta básica.
Aparte de la comida que se daña, los electrodomésticos también están sufriendo. Neveras, aires acondicionados, televisores… ¡pum!, se queman sin piedad, y arreglarlos es otro dineral que nadie te devuelve, sumando un gasto imprevisto al presupuesto. Y ni hablar de la seguridad: con las calles a oscuras, el tigueraje se pone de lo más vivo, haciendo de las suyas. Los barrios se convierten en bocas de lobo, y la gente vive con el Jesús en la boca, con el miedo acechando en cada esquina, limitando la vida social y nocturna.
Lo más bacano de todo esto, y lo que más enerva, es el silencio de EDESTE. Ni una palabra, ni un comunicado que explique qué diablo está pasando. Ni averías, ni mantenimiento, ni déficit de generación; ¡na’ de na’! La falta de transparencia es una burla al pueblo. Ante este panorama, los líderes comunitarios le han tirado la pelota al presidente Luis Abinader, pidiéndole que meta la mano de una vez, que la paciencia del pueblo ya se agotó, que esta chercha con la luz no es posible y requiere atención inmediata del Gobierno.
La energía eléctrica es un servicio básico, no un lujo, y el derecho a recibirlo de forma eficiente y a un precio justo es innegociable. La ciudadanía de Santo Domingo Este, y de otras partes del país que también sufren esta misma vaina, está cansada de promesas y parches. Lo que quieren es soluciones duraderas, porque vivir a oscuras no es calidad de vida, ¡tú sabes! Es una situación que requiere una respuesta contundente y efectiva por parte de las autoridades pertinentes.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



