¡Qué ‘vaina’ más ‘dura’ es la violencia! Pero en medio del trajín de nuestra querida Ciudad Colonial, entre callejones históricos y edificaciones que guardan mil cuentos, hay un espacio que se ha convertido en un verdadero faro de esperanza para un viaje de mujeres que han enfrentado la agresión. El Centro de Atención a Sobrevivientes de Violencia (CASV) no es un invento de ahora; lleva casi dos décadas siendo la mano amiga que muchas necesitan para salir del foso y reclamar su justicia. Es un alivio saber que, cuando una mujer da el paso de denunciar, no está sola en ese camino tan complicado.
Con 19 años de servicio ininterrumpido, el CASV ha abierto las puertas a la justicia a nada más y nada menos que 9,674 sobrevivientes de violencia en el Distrito Nacional. Este centro, operando bajo la sombrilla del Ministerio Público, es el único de su tipo a nivel nacional y representa un hito crucial en la lucha contra la violencia de género en el país. Su misión abarca desde el acompañamiento judicial hasta la recuperación emocional y la autonomía económica, pilares fundamentales para reconstruir una vida lejos del maltrato. Es un trabajo ‘bacano’ que se nota en cada historia de superación.
La integración al CASV es un proceso bien pensado, que comienza de una vez en la fiscalía. Cuando una mujer presenta su denuncia, automáticamente se le realiza una evaluación forense. Esta valoración es clave, pues según la puntuación que arroje –ya sea un daño moderado o grave– se determina el tipo de apoyo terapéutico que recibirá. No es solo un trámite; es el primer paso para empezar a sanar y recibir la ayuda personalizada que cada caso amerita. Es un sistema que busca ser lo más efectivo posible, para que nadie se quede en el limbo.
Si el daño es de moderado a grave, la cita para terapia individual se programa al instante, antes de que la mujer siquiera salga de la fiscalía. Esto evita que el miedo o la vergüenza le hagan echarse para atrás, una realidad tristemente común. Por otro lado, si el daño es leve, se opta por terapias grupales en formato abierto. Estos encuentros semanales son un espacio vital para que las mujeres rompan el silencio, se den cuenta de que no son las únicas y reconozcan los patrones idénticos en el discurso de sus agresores. Ver que no estás sola en la ‘vaina’ es un ‘palo’ para la recuperación.
Pero el apoyo no se queda solo en la palabra. El centro ha innovado un viaje de terapias psico-corporales y artísticas, incluyendo biodanza, yoga, escritura creativa, pintura, canto y música. Solange Alvarado Espaillat, la encargada del CASV, afirma que el arte es una herramienta potente para sanar, especialmente cuando las palabras no son suficientes para expresar el trauma. Es una ‘chercha’ creativa que permite liberar emociones y reconstruir desde adentro, demostrando que la sanación tiene muchas formas.
Más allá del apoyo psicológico, el CASV aborda el crucial aspecto socioeconómico, que a menudo es la ‘cuerda’ que ata a muchas mujeres a sus agresores. Lida González, trabajadora social del centro, explica que muchas sobrevivientes han estado al cuidado de la familia, sin ingresos propios. Por eso, se les ofrecen talleres para emprender, optimizar sus hojas de vida e insertarse en el mundo laboral. La idea es que, al lograr independencia económica, puedan romper definitivamente ese ciclo de dependencia y violencia, que es una ‘vaina’ bien complicada.
La gestión de microcréditos a través del Banco Adopem es otro ‘plus’ que ofrece el centro, habiendo desembolsado más de nueve millones de pesos desde 2007. Esto no solo empodera a las mujeres para sus emprendimientos, sino que también les enseña la importancia del ahorro. Además, el área de trabajo social facilita el acceso de los hijos a escuelas públicas, garantizando su cuidado mientras las madres se desarrollan, lo que previene que la falta de recursos las obligue a retirar la denuncia y retornar con el agresor. ¡Es un ‘palo’ de ayuda integral!
El seguimiento judicial es otra pieza clave. Gracias al Servicio Nacional de Representación Legal de los Derechos de la Víctima (Relevic), las mujeres reciben asesoría legal sobre sus casos, tanto en materia civil –como pensiones alimenticias y separación de bienes– como penal. Solange Alvarado enfatiza la urgencia de políticas públicas enfocadas en la prevención, no solo en la reacción. Es vital que existan más trabajadoras sociales y que se haga un seguimiento efectivo desde los hospitales cuando se detectan golpes con explicaciones confusas. ¡Eso sí que sería ‘chulo’!
Finalmente, es fundamental orientar desde las escuelas, iglesias y juntas de vecinos para fomentar una menor tolerancia a las agresiones y romper la cadena de violencia desde la primera infancia. Es un ‘klk’ que la sociedad dominicana debe asumir con seriedad, para que las futuras generaciones no normalicen estas situaciones. Es tiempo de que el ‘tigueraje’ de la prevención se ponga activo y deje atrás la idea de que la violencia es una ‘vaina’ privada. La meta es crear una cultura donde todas las mujeres puedan vivir seguras y dignas. ¡De una vez por todas!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




