La situación en el sector Valiente de Boca Chica está que arde, y no es para menos, mi gente. Siete familias se han visto con el agua al cuello, desalojadas de sus casitas el pasado 10 de junio, en lo que ha sido un verdadero trauma para todos ellos. Este desalojo Valiente ha dejado a niños y adultos durmiendo prácticamente a la intemperie o arrimados donde familiares, una vaina que le rompe el alma a cualquiera. La señora Marieli Rivera, vocera del grupo, denunció que la persona que los sacó de sus terrenos no presentó más que una ‘carta constancia’, una documentación que, según ella, no tiene la fuerza de un título de propiedad. ¡Así mismo como lo oyen!
Este relajo de los desalojos sin títulos de propiedad es un tema viejo en el patio, y es que un viaje de gente se ha visto envuelta en líos por la informalidad en la tenencia de tierras. En Valiente, la cosa es que estas familias compraron sus solares hace casi una década, con precios que iban desde los doce hasta los veinte mil pesos, creyendo que todo estaba de lo más bien y que los terrenos no tenían dueño. Es el clásico cuento dominicano donde el ‘tigueraje’ se aprovecha de la necesidad y vende lo que no es suyo, o lo que es peor, tierras con dueños desconocidos o en conflicto. La falta de un documento legal sólido es una espada de Damocles que pende sobre muchas comunidades.
Ver los escombros donde antes había un hogar, con los pocos enseres que pudieron salvarse, es un espectáculo triste que muestra la cruda realidad de la pobreza y la vulnerabilidad. Estamos hablando de vidas enteras desbaratadas de un día para otro, con la incertidumbre de no saber dónde van a pasar la noche. La mayoría tuvo que hacer un ‘corre-corre’ llevando sus cositas donde un tío, una hermana o un vecino solidario. Esta situación no solo afecta lo material, sino que también deja una cicatriz emocional profunda en los afectados, quienes ahora claman a las autoridades por una solución justa y humana.
La realidad de Valiente no es un hecho aislado, sino un reflejo de los desafíos que enfrenta nuestro país en materia de planificación urbana y regularización de la propiedad. Zonas como Boca Chica, con su crecimiento acelerado y la demanda de vivienda económica, a menudo se convierten en caldos de cultivo para la ocupación informal de terrenos. La historia nos dice que sin una intervención clara y contundente del Estado, estas situaciones se repiten, dejando a los más desvalidos en una eterna ruleta rusa legal. El gobierno tiene un papel fundamental en garantizar la seguridad jurídica de sus ciudadanos y protegerlos de abusos.
Por eso, Marieli Rivera y los demás afectados están pidiendo, con el corazón en la mano, que el gobierno meta la cuchara en este asunto y le busque una salida. No solo buscan ayuda inmediata para subsistir, sino también una solución a largo plazo que implique la regularización de esos terrenos. Esta sería una forma de darle estabilidad a estas familias y evitar que la misma vaina le pase a otros. Es crucial que las autoridades investiguen a fondo la validez de la supuesta propiedad y, si es necesario, pongan en marcha programas de titulación para que la gente tenga su papel en regla y no viva con el miedo constante de perder lo poco que tiene.
Este caso de Valiente nos recuerda la importancia de tener nuestras propiedades bien legalizadas, pero también la responsabilidad social del Estado. No se puede permitir que la gente, por falta de recursos o de conocimiento, sea presa fácil de estafadores o de situaciones legales ambiguas. Es tiempo de que se haga justicia y se les dé la mano a estas familias que, de la noche a la mañana, se vieron con sus sueños hechos añicos. ¡Un pueblo que abandona a su gente no va lejos, klk!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




