Alex Bueno: El ‘Tiguerazo’ del Canto que Transformó la ‘Vaina’ Musical Dominicana

¡Qué vaina, mi gente! Si hablamos de voces que han marcado nuestra tierra, es obligatorio mencionar a Alex Bueno, ese ‘tiguerazo’ del canto que transformó el sonido del merengue y otros géneros en la República Dominicana. Conocido como ‘el cantante favorito de los cantantes’, su legado es una joya de nuestro patrimonio cultural. Alex Bueno, cibaeño de pura cepa, trajo al escenario una versatilidad vocal que pocos han podido igualar, dominando con maestría el merengue, la bachata, el bolero y hasta la salsa, haciendo que cada interpretación suya fuera un viaje musical inolvidable.

Lo más chulo de la historia de este fenómeno es que Alex Bueno forjó su carrera sin haber pisado una academia de canto ni haber aprendido a leer partituras. Esa habilidad innata, casi mágica, lo llevó a debutar profesionalmente a los quince años con Gerardo Veras, pero fue el llamado de Fernando Villalona, ‘el Mayimbe’, lo que le dio el empuje definitivo. Asegún él mismo contó, llegó a la orquesta de Villalona sin un solo ensayo, confiando plenamente en su memoria para el vasto repertorio nacional, de ahí salió esa pieza bacana de ‘Piel Canela’.

Tras un breve receso del ‘Mayimbe’ de los escenarios por asuntos legales, Alex Bueno no se quedó con los brazos cruzados. Se unió a figuras como Andrés de Jesús y el productor Bienvenido Rodríguez para dar vida a la famosa Orquesta de Liberación. Esta agrupación, que redefinió el mercado musical del patio, aunque efímera por diferencias artísticas, dejó su huella. Incluso, se cuenta la historia de cómo Andrés de Jesús, en una movida media rara, borró la voz principal de Alex de un disco ya grabado para meter a Rey Polanco, pero tuvo que dejar los coros intactos por la afinación tan jevi de nuestro Alex. ¡Imagínate esa vaina!

El virtuosismo de Alex Bueno en el estudio de grabación era cosa de otro nivel. Se negaba a escuchar una melodía más de una o dos veces para no contaminarse con el estilo original, un truco para mantener su esencia pura. Además, poseía la increíble destreza de grabar temas con notas altísimas de arriba a abajo, en una sola toma y sin necesidad de ediciones o ‘ponches’. Éxitos que aún hoy nos ponen a mover la patita, como ‘Un imposible amor’, ‘El hijo de Yemayá’ y ‘Soy rebelde’, este último grabado de madrugada después de un largo viaje desde el Cibao, son la prueba de su talento inigualable. Y su secreto para esa voz intacta, ¿cuál era? Simplemente, descanso y buen sueño. ¡Así de sencillo!

La década de los ochenta fue un punto de inflexión para el merengue dominicano, y Alex Bueno estuvo en el ojo del huracán de esa transformación. Su colaboración con arreglistas de la talla de Manuel Tejada y Ramón Orlando cambió el sonido del género de una vez y por todas. Con ‘Querida’, descubrió su facilidad pasmosa para alcanzar esas tesituras agudas que nos erizaban la piel, con los metales grabados en una sola sesión. Pero la innovación no paró ahí; con su adaptación del vallenato ‘Colegiala’, ¡metió la guitarra eléctrica y la batería electrónica al merengue por primera vez! Eso obligó a que las demás agrupaciones se pusieran las pilas y modernizaran su ‘coro’, marcando un antes y un después en la música dominicana.

La visión musical de Alex Bueno era imparable. Su instinto lo llevó a proponer adaptaciones exitosas de baladas de gigantes como Julio Iglesias (‘Me va, me va’) y Leo Dan, convirtiéndolas en merengues que sonaban de lo más bien. Su incursión en la salsa, grabando ‘Jardín Prohibido’ en Nueva Jersey con Luis Perico Ortiz, dejó al maestro tan impresionado con la ‘toma limpia’ del dominicano que hasta advirtió a los salseros tradicionales que debían cuidarse de él. ¡Klk con eso! El talento de Alex era tan grande que trascendía géneros y fronteras, dejando a los demás ‘con la boca abierta’.

Pero la vida de Alex Bueno no solo fue brillo en los escenarios. Detrás de la algarabía de las tarimas, Alejandro Bueno enfrentó sus propias batallas. Durante una plática reveladora con Junior Cabrera, confesó que el momento más difícil de su vida fue cuando su propia madre lo echó de casa por sus adicciones. Esa ‘vaina’ fuerte fue el catalizador para un cambio radical. Alex logró mantenerse en sobriedad estricta durante once años, encontrando estabilidad en su fe cristiana, en su esposa Sara y en el nacimiento de su hijo menor, Wilber, concebido tras largos tratamientos de fertilidad. Su historia es un claro ejemplo de resiliencia y superación.

En su etapa de madurez, Alex Bueno demostró un profesionalismo que es digno de admirar. Llegaba horas antes a sus conciertos por respeto al público y a los músicos, implementó el uso de monitores in-ear para afinar cada detalle en vivo, y hasta ideó un sistema de orquestas satélites en plazas como Nueva York, Chile y Puerto Rico para optimizar sus giras internacionales. Hasta sus últimos días, se mantuvo firme en su creencia de que el merengue no estaba en crisis, y cómo no, si él mismo había visto 300,000 personas gozando con su música en festivales chilenos. Aunque crítico de las letras denigrantes del dembow moderno, siempre respetó la evolución de los ritmos, sabiendo que cada generación tiene su ‘chercha’. Con su adiós, el país despide al hombre que hizo del grito ‘¡Ay Dios Mío!’ una marca registrada. ¡Un grande de verdad!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!

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