En un esfuerzo que busca transformar el ambiente en nuestros barrios, los recientes ‘Diálogos por la Convivencia Barrial’, impulsados por Listín Diario, han puesto sobre la mesa una propuesta bien bacana: involucrar a los niños como eje central para la resolución de conflictos. La iniciativa, que tuvo su segundo encuentro en la Ciudad Colonial, ha sido de lo más importante, reuniendo a juntas de vecinos, líderes religiosos y figuras comunitarias para buscar soluciones reales a las problemáticas que a veces nos jartan en el día a día. La idea es sencilla pero poderosa: si queremos cambiar la vaina, tenemos que empezar por los más pequeños, educándolos desde temprano en valores de respeto y diálogo.
Rut Encarnación, una comunitaria de la Ciudad Colonial, lanzó la sugerencia, que ha caído de perlas, de crear espacios en las iglesias, tanto católicas como evangélicas, para orientar a los infantes. Ella plantea que, así como se da la catequesis, se puedan impartir formaciones en resolución de conflictos, convirtiendo a los niños en verdaderos mediadores del conflicto desde una edad temprana. Esta visión no es solo para ahora, sino que busca sembrar una cultura consciente y mediadora en las futuras generaciones. Es un compromiso serio, pues asegura que, si no se trabaja con la formación de los niños, el futuro se ve negro, según las palabras de Monseñor Carlos Tomás Morel Diplán, arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis de Santo Domingo.
La iglesia dominicana, con su profundo arraigo en la sociedad, tiene un papel crucial en este ‘coro’ por la paz. Monseñor Morel Diplán ha sido enfático en que la formación de los niños es su enfoque principal desde que llegó a la capital, lamentando que una generación anterior no se haya formado con principios claros. No es un secreto que la familia es la base de todo, y si no se trabaja desde ahí, pues la cosa se pone más difícil. Por eso, el llamado es a que, además de las misas y los sacramentos, se refuercen estos encuentros educativos donde se promuevan valores y el amor al prójimo, pilares fundamentales para una sociedad más justa y armónica.
Pero la vaina no se queda solo en la fe; el arte también se suma a este ‘tigueraje’ constructivo. Vidal de la Cruz, actor y miembro de Fundarte, propuso utilizar las expresiones artísticas como herramienta para el diálogo, empezando, claro está, con los niños. Él insiste en que los infantes aprenden lo que escuchan y ven en sus casas y comunidades, por lo que el arte puede ser un canal chulo para inculcar mensajes de paz y entendimiento. Imagínense a los chamacos aprendiendo a resolver sus diferencias a través de una obra de teatro o una canción; ¡eso sí que sería jevi! El presidente de la Asociación de Vendedores Turísticos de la Ciudad Colonial, Nobert, también hizo hincapié en que los niños son el centro, especialmente en un mundo que cada vez más los expone a la violencia y a cambios rápidos.
Asegún el Minerd, ya la asignatura de Moral, Cívica y Ética Ciudadana busca mitigar estos conflictos, pero la comunidad pide reforzarlo con proyectos más integrales. La verdad es que estamos viviendo en tiempos donde se necesita un viaje de trabajo para que nuestros jóvenes no se pierdan en el camino, y la idea de que los niños sean ‘mediadores del conflicto’ es un gran paso. Desde las aulas hasta los colmados, y ahora con la Iglesia y el arte, se busca crear un ambiente donde el respeto y la buena convivencia sean la norma. Es un compromiso de todos, porque si no nos unimos, ¿quién lo va a hacer?
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



