La tensión se siente en el ambiente cada vez que en las redes sociales aparece un nuevo video de un incidente con la Policía Nacional. Recientemente, el país entero quedó con la boca abierta y un ‘nudo en la garganta’ al ver cómo el joven Darlin Mercado Pérez, de apenas 18 años, perdía la vida por un disparo de un agente durante un simple ‘jequeo’ por una motocicleta. Esta ‘vaina’ no es nueva, y se suma a la triste lista donde también figura Marky Abraham García Gil, alias ‘Maiky’, quien fue abatido con las manos en alto. Estas ejecuciones policiales grabadas en video han puesto a la ciudadanía en jaque, preguntándose: ¿hasta cuándo?
Estos casos, que son más frecuentes de lo que uno quisiera, ocurren en pleno proceso de una supuesta ‘reforma policial’ que el gobierno del presidente Luis Abinader nos ha prometido. Según Manuel María Mercedes, de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, más de 600 ‘ejecuciones extrajudiciales’ se han registrado en los últimos seis años. Es un ‘un viaje de’ gente que ha perdido la vida en circunstancias que, ‘asegún’ la ley, no deberían ocurrir. Es un ‘klk’ que, lejos de mejorar, parece que sigue de mal en peor, dejando a la gente con un sabor amargo y una desconfianza tremenda en sus uniformados.
La reforma policial, anunciada con bombos y platillos, buscaba adecentar el cuerpo, erradicar las ‘malas prácticas’ y transformar la cultura institucional. Sin embargo, incidentes trágicos como el de los pastores Joel Díaz y Elisa Muñoz en Villa Altagracia durante la Semana Santa de 2021, donde fueron acribillados por confundirlos con delincuentes, demuestran que el cambio no ha calado tan profundo como se esperaba. La impunidad, ese ‘tigueraje’ que ha protegido a agentes con historiales de abusos, sigue siendo un gran obstáculo para que la reforma sea verdaderamente ‘bacana’ y efectiva. No basta con cambiar el color del uniforme o dar cursos; hay que meterle mano a la formación ética y a la depuración del personal de una vez por todas.
La ministra de Interior y Policía, Faride Raful, ha intentado calmar las aguas, diciendo que estos casos ‘escandalosos’ son una ‘minoría’ y que la mayoría de los agentes actúan de ‘buena fe’. Pero la realidad que se ve en las calles y en las redes sociales es otra cosa, mi gente. La credibilidad de la institución ‘está de lo más bien’ erosionada, y cada video viral es un golpe más a la confianza del pueblo. ¿Cómo le pides a la gente que colabore si el miedo a ser la próxima víctima de una mala práctica está latente?
Es imperante que el ‘coro’ de la reforma policial pase de las palabras a los hechos contundentes. Se necesita una supervisión más rigurosa, consecuencias más severas para los que cometen abusos y, sobre todo, una depuración honesta que saque de las filas a los que no entienden el verdadero significado de servir y proteger. La tecnología, con los teléfonos celulares grabando cada movimiento, se ha convertido en una ‘guagua’ imparable de evidencia que ya no permite que estas ‘vainas’ se queden ocultas. Es hora de que la Policía Nacional, de una vez, se ponga los pantalones y demuestre que realmente está para cuidar a su gente, no para sembrar el terror. Solo así podremos tener una sociedad más justa y segura, ‘jevi’ para todos.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




