¡Atención, mi gente! El cambio climático no es un cuento chino, es una realidad que nos está dando duro aquí en la República Dominicana. Según el Informe Regional sobre Desarrollo Humano del PNUD, este embate climático nos está saliendo un ojo de la cara, con pérdidas anuales que se acercan a un preocupante 1% de nuestro producto interno bruto (PIB). Esto no es cualquier vaina, señores, es un impacto económico considerable que afecta a todo el país.
Nuestro querido país, lamentablemente, figura en el puesto 41 entre las naciones con mayor nivel de riesgo a nivel mundial, según el Índice Mundial de Riesgos 2023. Esta posición, que no es para echarnos flores, se debe a nuestra constante exposición a fenómenos como huracanes e inundaciones. Es una realidad que, en promedio, cada tres a cinco años nos cae encima un huracán de gran intensidad, poniendo a prueba nuestra resiliencia y capacidad de respuesta.
Durante la presentación de este informe tan crucial, Melisa Bretón, una oficial de Desarrollo Humano Sostenible del PNUD, enfatizó que América Latina y el Caribe están bajo una presión brutal. Afirmó que, aunque la región ha avanzado en desarrollo, enfrenta desafíos ‘nuevos y persistentes’. Y lo que es más impactante para nosotros es que, según el análisis, nuestro país pierde alrededor del 7% de su potencial de desarrollo por culpa de factores de presión ambiental. ¡Imagínense ustedes la chercha de oportunidades que se nos van por el drenaje!
El mismo documento del PNUD desglosa que los eventos meteorológicos extremos nos cuestan entre un 0.69% y un 3.3% del PIB. Esto viene de la mano con una serie de vulnerabilidades que nos afectan de manera profunda: social y productiva, bajo capital humano, transiciones laborales constantes y una alta concentración de nuestra población en zonas que son, de por sí, de alto riesgo. Todo esto conforma un ‘coro’ de factores que aumentan nuestra exposición a crisis y que nos pueden tirar para atrás en cualquier momento.
Y la cosa no es para ahora mismo na’ más. El organismo internacional proyecta que, para el 2050, el cambio climático tendrá un impacto significativo en nuestra salud, la infraestructura que tanto trabajo nos cuesta levantar, los ecosistemas que son un tesoro y, claro, el turismo, que es uno de los pilares de nuestra economía. Sin embargo, en medio de esta presión, Bretón señaló una luz al final del túnel: el turismo sostenible, que podría convertirse en una plataforma vital para ampliar las oportunidades de nuestra gente y de las zonas que viven directamente de esta actividad, siempre y cuando genere beneficios reales y proteja nuestro capital humano.
Para hacerle frente a esta situación que nos tiene con los nervios de punta, el informe propone cinco áreas clave de trabajo: prevención, mitigación, preparación, un análisis y cartografía de riesgos más profundo, y una recuperación y reconstrucción efectivas. Estas son las herramientas que, según los expertos, necesitamos para construir un futuro más resiliente y menos vulnerable a los embates de la naturaleza.
En este camino, es fundamental adoptar un enfoque proactivo. Esto implica evaluar los riesgos no solo en términos de exposición y sensibilidad, sino también en nuestra capacidad de adaptación a nivel individual, comunitario y nacional. Además, un punto bacano que destaca el informe es la necesidad de que las políticas públicas incorporen de forma activa la sabiduría y la capacidad de acción de nuestras comunidades más vulnerables. Porque al final del día, son ellos los que están en la primera línea de batalla y saben dónde le aprieta el zapato. Así, trabajando juntos, quizás podamos darle un frente a esta vaina del cambio climático.
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