Antes de que el ‘celular’ se convirtiera en nuestro fiel compañero de cada mañana y las alarmas mecánicas fueran algo de lo más común, la gente en el mundo se las apañaba con un ‘tigueraje’ increíble para arrancar el día. Durante la Revolución Industrial Británica, la puntualidad era una ‘vaina’ seria en las fábricas. Un atraso de solo cinco minutos podía paralizar toda una línea de montaje, afectando las ganancias de los dueños. Así que, con los primeros despertadores siendo un lujo impagable para el trabajador promedio, surgió una profesión de lo más ‘jevi’: los ‘despertadores humanos’.
Estos personajes se fajaban en las calles, ‘tumbando’ los cristales o lanzando arvejas a las ventanas de sus clientes para sacarlos del sueño. Según la profesora Arunima Datta de la Universidad del Norte de Texas, no se movían de allí hasta que el cliente les daba ‘luz verde’ de que ya estaban despiertos. Y, ‘asegún’ la historia, esta práctica no era exclusiva de Gran Bretaña; comunidades musulmanas, por ejemplo, los usaban durante el Ramadán para madrugar y cumplir con sus oraciones y comidas antes del amanecer. Es un claro ejemplo del ingenio en el arte de despertar.
Pero el ‘despertar’ no siempre fue a golpe de ‘despertador humano’. La naturaleza era el principal ‘manager’ del horario. Fatima Yaqoot, experta en salud del sueño de la Universidad de Sunshine Coast, explica que la luz del día era la señal principal. En las sociedades preindustriales, la vida se movía al ritmo del sol, lo que ajustaba de forma natural los ritmos circadianos, esos que nos dicen cuándo dormir y cuándo estar ‘activo’.
No obstante, la profesora Sasha Handley de la Universidad de Manchester, que ha investigado el sueño en la Edad Moderna, ‘pa’ que no se diga’, aclara que no todo era luz y oscuridad. El trabajo a menudo se extendía hasta tarde, y las motivaciones religiosas eran ‘un viaje de’ importantes. La gente quería llegar a la iglesia a una hora específica o hacer sus oraciones matutinas temprano, creyendo que esto los acercaba más a Dios. Incluso, había cierta competitividad sobre quién se levantaba antes a rezar, ¡un ‘coro’ de lo más particular!
Además de los gallos, que por cierto, cantan por su propio ritmo circadiano, no solo por el sol, y el ‘coro’ de la mañana, las campanas de las iglesias eran otro método popular para ‘dar la hora’ en Europa. Tocadas por campaneros que usaban relojes de arena, estas campanas marcaban el día. Y en las casas de los ricos, las campanas internas y los sirvientes, que eran los primeros en levantarse, se encargaban de despertar a los amos. ¡Una logística de ‘primer nivel’!
Desde la Antigua China con sus relojes de vela, donde clavos caían en bandejas de metal cada hora, hasta los ingeniosos relojes de incienso con bolitas metálicas que actuaban como gongs, la innovación en despertadores es antiquísima. No podemos olvidar los ‘clepsidras’ o relojes de agua de la Antigua Grecia, con Platón ‘metiendo mano’ para crear una alarma que emitía un silbido tipo tetera. Eran verdaderas maravillas de la ingeniería de su tiempo, ‘pa’ que lo sepas’.
Los primeros relojes mecánicos, con sus pulsaciones y escapes, aparecieron entre los siglos XIII y XIV, y ya para finales del XV, los relojes de pared domésticos tenían alarmas. Pero fue en el siglo XVII cuando la relojería ‘cogió un buen pique’ y los despertadores portátiles empezaron a verse. Aunque el primer despertador mecánico se inventó en 1787, no fue hasta 1876 que se patentó y se masificó, pero seguían siendo caros para la mayoría. ¡Qué ‘lío’!
Curiosamente, los ‘despertadores humanos’ no solo despertaban; también eran una especie de ‘vigilantes nocturnos’. Estaban tan activos en las madrugadas que, según Datta, descubrieron incendios y hasta el cuerpo de la primera víctima de Jack el Destripador. Aunque, ‘claro está’, a veces los vecinos se ‘quillaban’ por el ruido y se armaban ‘líos’ porque los despertaban sin querer. ‘Ta’ fuerte la cosa’.
Pero la profesión de ‘despertador humano’ no duró ‘pa’ siempre’. Para la década de 1920, la cosa se puso ‘fea’ para ellos. Los despertadores mecánicos se hicieron más baratos y accesibles, y con la industrialización y la luz artificial, las rutinas diarias se hicieron más fijas y el ‘tigueraje’ de los despertadores humanos pasó a la historia.
Hoy en día, con tanta tecnología y la comodidad de nuestros ‘smartphones’, ¿qué podemos aprender de esta historia? Expertos como Yaqoot y Handley sugieren que, a pesar de que el pasado no era perfecto, la exposición a la luz natural matutina, los horarios de sueño regulares y evitar estimulantes antes de dormir, son ‘trucos’ antiguos que ‘todavía están de lo más bien’. Parece que la gente de antes se tomaba más en serio el cuidado del sueño. ¡A reflexionar, mi gente!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



