En un ‘pleito’ que ha puesto a temblar los cimientos de la indiferencia, los comunitarios de La Ciénega, al norte de Santiago, decidieron decir ¡ya basta! a la contaminación del Río Jacagua. Este miércoles, con una determinación que te eriza la piel, se encadenaron en el puente de su comunidad, dejando claro que no van a coger esa vaina callados. El bloqueo vehicular por la vía principal durante varias horas fue un grito de auxilio, una manera de meter presión para que las autoridades se pongan las pilas de una vez y por todas con un problema que, asegún ellos, ha llegado a un punto crítico.
La situación, tal como la pintan los manifestantes, es un verdadero arroz con mango. Roning Abreu, un comunitario que le metió con todo a la protesta, denunció con su corazón en la mano que al río le están cayendo aguas residuales y un viaje de desechos. ¿El resultado? Un mal olor que nadie se aguanta y la vida acuática, que antes era chula, ahora está más tiesa que un bacalao. ‘Ese era un río donde las familias podían disfrutar de un baño en aguas cristalinas. Lamentablemente, hoy eso ya no es posible debido al alto nivel de contaminación que presenta’, expresó Abreu con la voz quebrada, reflejando el dolor de ver un recurso natural tan importante convertido en un foco de contaminación.
Este no es un problema de ahora, no, mi gente. Roning Abreu asegura que hace más de un año le entregó una comunicación al director de la junta distrital de San Francisco de Jacagua, alertándolo sobre la problemática. ¿La respuesta? Ni una solución, ni un klk, ¡nada! Este ‘tigueraje’ de la burocracia, que a veces parece vivir en Júpiter, tiene a la gente con la paciencia al límite. La falta de acción ante advertencias previas es una ‘vaina’ que saca de quicio, y los comunitarios, con toda la razón del mundo, se sienten ignorados.
Pero la vaina no se queda ahí. La preocupación se multiplica con la construcción de unos 780 apartamentos en la zona. ¡Imagínense! Un proyecto de ese tamaño, si no se manejan las aguas residuales como Dios manda, podría significar el tiro de gracia para el río. Los comunitarios temen que las aguas sucias de esos nuevos ‘apartamenticos’ terminen de rematar el Jacagua, convirtiéndolo en un caño inservible. Es por esto que exigen, y con mucha razón, que antes de que sigan levantando edificios, se garanticen las condiciones necesarias para que el manejo de las aguas residuales sea adecuado y no se le dé un golpe bajo más a la madre naturaleza.
La cosa no es solo ambiental, es de salud pública, ¡de la gente! Susana Malagón, otra de las comunitarias que le puso el pecho a la situación, enfatizó que la contaminación no solo apesta, sino que es un riesgo para la salud de los que viven cerca. Los malos olores, la basura que se acumula y los demás desechos, son un caldo de cultivo para enfermedades. Ver un río, que antes era vida, ahora convertido en un vertedero a cielo abierto, es una bofetada a la dignidad de la gente y un atentado a su bienestar.
La protesta de los comunitarios de La Ciénega es un reflejo de una problemática mayor que afecta a muchos rincones de nuestro país. El crecimiento urbano sin planificación y la falta de inversión en infraestructura de saneamiento son un ‘coco’ que nos persigue. Es un llamado de atención para que las autoridades, tanto locales como nacionales, entiendan que el desarrollo no puede ir en contra de la vida y el medio ambiente. La chercha de un país que progresa sin proteger sus recursos naturales es, a fin de cuentas, un sancocho mal hecho que nos pasará factura a todos.
Los manifestantes han jurado por lo más sagrado que no soltarán la soga hasta ver una solución palpable. La exigencia es clara: que los funcionarios responsables se den un paseo por la zona, constaten con sus propios ojos el desastre y, lo más importante, que actúen. No es cuestión de promesas vacías, sino de hechos concretos que detengan la contaminación del Río Jacagua y devuelvan la esperanza a una comunidad que está harta de esperar. Este ‘coro’ de Santiago le está dando un ejemplo al país de cómo se lucha por lo nuestro.
La historia de nuestro país está llena de ejemplos donde la presión popular ha sido clave para mover montañas. Desde la lucha por la democracia hasta las demandas por mejores servicios, el pueblo dominicano ha demostrado que cuando se une y se ‘mete en pleito’, las cosas cambian. Este episodio en Santiago no es la excepción; es la voz de una comunidad que se levanta para defender lo suyo, lo que les pertenece y lo que es vital para su futuro y el de las próximas generaciones. La responsabilidad ahora cae sobre los hombros de aquellos que juraron velar por el bienestar de todos los dominicanos.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




