¡Klk mi gente! Agárrense bien porque la Inteligencia Artificial (IA) no es solo para el coro y los videos virales; de acuerdo a un nuevo libro, esta ‘vaina’ está acelerando una concentración de poder que, si no nos ponemos los pantalones, podría ponernos a todos en un lío bien gordo. El profesor Pedro Salazar, de la UNAM, en su libro ‘Totalitarismo total’ (Taurus, 2026), nos suelta la verdad de una vez: la IA está impulsando una concentración de poder sin precedentes, algo que hasta el mismo Vladimir Putin había predicho cuando dijo que quien domine la IA, dominará el mundo. Y asegún Salazar, el tiempo le está dando la razón al líder ruso, lo que es un chulo de preocupación.
Según la noticia, este experto lleva años dándole cabeza a la relación entre derecho, democracia y poder, y ahora se ha metido de lleno con la IA. Él nos dice que, a diferencia de otras revoluciones tecnológicas, la IA no solo está cambiando cómo hacemos negocios o producimos, sino que también nos está transformando la cultura, la opinión pública e incluso puede distorsionar la realidad. Esto está borrando las líneas entre el poder económico, político e ideológico, un triplete que, a su juicio, representa un desafío mayúsculo para nuestras democracias liberales, esas que se supone que defienden la libertad y los derechos de la gente.
El libro de Salazar no se queda ahí; el hombre se mete en la chercha de la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China, los intentos de Europa por regular este asunto, y la creciente normalización de prácticas que él ve como una peligrosa deriva autoritaria. Nos cuenta que los ataques de EE.UU. en el Caribe usando IA contra embarcaciones, y la intervención en Venezuela para la detención del presidente Nicolás Maduro con herramientas de Anthropic, no son casos aislados. Incluso, se ha visto un dron operado por IA que mató a tres personas en Ucrania. ¡Imagínense ustedes! La decisión y la ejecución las hizo una máquina, algo que antes era pura ciencia ficción tipo ‘Terminator’ y que ahora está de lo más bien en la vida real. Y la responsabilidad, ¿a quién le cae esa? A los Estados que autorizan el uso de estas armas letales, pero se vuelve una vaina difusa entre desarrolladores, diseñadores y operadores.
Salazar nos explica el concepto de ‘totalitarismo total’ con un pleonasmo a propósito, porque la concentración de poder hoy es mucho mayor que en el siglo XX. En aquel tiempo, los regímenes totalitarios ya concentraban poder político, económico e ideológico, con todo y su propaganda; pero hoy, con la IA, los Estados tienen un viaje de capacidad para espiar, rastrear e interferir en la vida privada de sus ciudadanos, algo que antes ni se soñaba. Además, existe una alianza jevi entre la industria tecnológica y el poder político, especialmente en EE.UU. y China, que concentra recursos económicos en pocas manos y usa la IA para manipular ideas y condicionar patrones de comportamiento y cultura de las sociedades de una manera que la propaganda de antes no se le acerca ni por los tobillos. Es un tigueraje sin precedentes para acumular y conservar el poder, a costa de las libertades.
En la competencia global, China usa la tecnología para controlar la vida de su gente de forma abierta, sin pretender ser democrático. EE.UU., que antes se vendía como el campeón de la democracia y las libertades, según Salazar, está adoptando un discurso donde los contrapesos estorban y las libertades individuales pasan a un segundo plano. Menciona organizaciones como ICE, que comete abusos contra migrantes. Europa, por su lado, está quedando rezagada en la regulación de la IA, con un marco legal que no da abasto con la velocidad de la innovación. Y nuestra América Latina, ¡ay mi querida América Latina!, ni se diga; la región tiene una vulnerabilidad marcada por la fragilidad de sus instituciones democráticas y la normalización de regímenes autoritarios, como los casos de Nicaragua y El Salvador, donde la concentración de poder y el uso expansivo de las capacidades coercitivas del Estado son el pan de cada día, tolerados por amplios sectores.
El profesor Salazar también se mete en la discusión de si el mundo algorítmico es compatible con la democracia liberal. Él sostiene que nuestra civilización está en una transformación que desafía la democracia tradicional. Aunque los principios de libertad de expresión y acceso a la información siguen siendo fundamentales, garantizarlos es cada vez más difícil. Los algoritmos moldean la conversación pública, distorsionan discursos y confirman prejuicios, lo que nos hace menos propensos a escuchar otros puntos de vista e inhibe la deliberación, que es clave para una democracia bacana. Respecto a quién manda más, si los gobiernos o las empresas tech, Salazar dice que en China la lógica del Estado es la que se impone. En EE.UU., el juego es más abierto, pero la alianza entre el poder político y las ‘Big Tech’ se ha vuelto más explícita, especialmente en la segunda administración del presidente Donald Trump.
Lo más ‘jevi’ de todo, y según Salazar uno de los puntos más importantes de su libro, es que incluye un capítulo sobre el amor. Él está convencido de que las relaciones afectivas y amorosas han sido históricamente el mejor antídoto contra la concentración de poder y las lógicas totalitarias. Haciendo un homenaje a George Orwell y su ‘1984’, el profesor explica que el amor, entendido como solidaridad y cuidado mutuo, crea espacios de libertad que el poder no puede controlar fácilmente. Lo preocupante es que las tecnologías modernas están empezando a reemplazar estos vínculos humanos con relaciones mediadas por sistemas artificiales, como los chatbots. Esto plantea un problema profundo: aunque nos den la sensación de cercanía, las máquinas no aman, no cuidan, y al mismo tiempo, estas interacciones generan un montón de información personal que alimenta modelos de negocio, convirtiendo lo que parece una conexión emocional en una fuente de valor económico para las empresas tecnológicas. ¡Una vaina bien seria para meditar!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



