La comunidad de El Toro, en el municipio de Guerra, está viviendo una época de contrastes que mantiene a sus más de 13,000 habitantes en un constante ‘tira y jala’. Según el reporte, por un lado, se ha experimentado un aumento significativo de las oportunidades de empleo gracias a la llegada de nuevas empresas. Esta inyección de capital ha generado una esperanza ‘bacana’ entre la gente, especialmente para los jóvenes que antes no veían la luz al final del túnel. Sin embargo, este progreso viene acompañado de serios ‘aprietos’, como el deterioro de las calles y la falta de seguridad en las escuelas, problemáticas que dan mucha lucha al día a día de esta dinámica comunidad, impactando directamente la calidad de vida a pesar de la creciente Inversión en El Toro.
Félix Santo, quien es representante del sector transporte en la zona, ha sido enfático al señalar cómo la instalación de compañías tanto de capital chino como dominicanas ha sido un motor de desarrollo. El reconocido dirigente comunitario Isabel de Lozano Ventura, también conocida como Doña Negra, resalta los cambios que El Toro experimenta, enfatizando el incremento en las opciones de empleo y formación. Ella recordó cómo antes la situación era mucho más difícil, incluso para cosas tan sencillas como trasladarse a la ciudad, lo que hacía que el ‘jangueo’ hacia la capital fuera la única opción para muchos, ahora la dinámica es otra.
Este panorama de progreso no es algo de ahora; de acuerdo a la noticia, la llegada de empresas ha sido una constante en los últimos tres años, lo que ha generado un ‘viaje de’ oportunidades para la gente de aquí. No se trata solo de grandes corporaciones internacionales, sino también de empresas nacionales que han puesto su ojo en El Toro, viendo el potencial de esta pujante comunidad. Esto representa un cambio fundamental para una población que, en el pasado, tenía pocas alternativas laborales, obligando a muchos a buscar sustento fuera de su terruño.
Juan Campaña, miembro de la junta de vecinos de El Toro, compartió la dura realidad de antes, donde la falta de oportunidades laborales forzaba a los residentes a buscarse la vida en la ciudad. ‘Los muchachos de aquí han podido salir hacia adelante porque son trabajadores, pero no había cupo para ellos trabajar’, manifestó, destacando el espíritu de ‘tigueraje’ y superación de los jóvenes. Según su conteo, actualmente hay un estimado de seis o siete empresas operando, incluyendo zonas francas y compañías locales, lo que ha cambiado la película para muchos.
Esta transformación es confirmada por Manuela Cruz, otra comunitaria, quien durante años vivió la escasez de empleos en la zona. Explicó cómo la gente que no trabajaba en el campo tenía que ‘coger la guagua’ bien temprano para irse a la ciudad. ‘Uno tenía que perder tres horas de su vida para poder llegar al trabajo’, afirmó, ilustrando el sacrificio que implicaba el transporte público. Ahora, la cercanía de las fuentes de empleo representa una mejora sustancial en la calidad de vida y el tiempo que se le puede dedicar a la familia y al desarrollo personal.
Trinidad Pimentel, líder comunitaria y pastora de la Iglesia Evangélica Casa de Refugio, a sus 73 años, es testigo de primera mano de cómo las condiciones de vida han mejorado. Su experiencia le permite comparar un pasado donde los residentes debían ir a la capital para conseguir trabajo, con un presente donde ‘hay lugares donde pueden solicitar empleo’. ‘Ahora tenemos facilidades de que nuestros nietos e hijos puedan emplearse. Yo digo que ahora mismo por aquí el que no trabaje porque no quiere’, aseveró, señalando la diversidad de alternativas laborales, desde granjas hasta ‘play’.
Sin embargo, no todo es color de rosa. Los comunitarios también destacaron la ‘vaina’ de las carreteras, que están en un estado deplorable. Félix Santos puntualizó que la carretera Mella está ‘muy deteriorada’, lo que dificulta el tránsito y se convierte en un riesgo para los que tienen que ‘echar pa’lante’ por ahí cada día. ‘Tenemos muchos accidentes porque está muy mala y no sé por qué el Gobierno no ha intervenido con nosotros en esta comunidad’, manifestó, haciendo un llamado a las autoridades para que pongan atención a esta necesidad vital.
Además, Rosalía Candita Báez, residente y miembro de la capilla Nuestra Señora del Carmen, lanzó una alerta sobre la seguridad escolar. Denunció la falta de policías en las escuelas y expresó su preocupación por situaciones que, ‘asegún’ dijo, se han presentado con estudiantes trasladados de otros centros. Para muchos, esto es un punto clave, ya que la educación y la seguridad de los niños son primordiales en cualquier comunidad que aspira a echarse adelante de verdad.
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