Imagínese usted, mi gente, que después de un buen aguacero, de esos que mojan hasta la conciencia, sale uno a la calle y se topa con un viaje de peces regados por el suelo. ¿Raro, verdad? ¡Una ‘vaina’ que a cualquiera lo deja con la boca abierta! Algunos hasta moviéndose, como si acabaran de salir de la pecera. No hay ríos desbordados ni lagos cerca, y la verdad, uno se queda preguntándose: ¿pero y esto qué es lo que es? Pues este fenómeno, conocido como la Lluvia de Peces, ha puesto a mucha gente a pensar y a los científicos a buscarle la quinta pata al gato por siglos.
Desde hace mucho tiempo, estas escenas se han documentado en diversos lugares del mundo, causando un tremendo revuelo. Antes, la gente, que no tenía muchas explicaciones científicas, atribuía estas lluvias misteriosas a vainas divinas, a presagios o a algún lío sobrenatural. Pero hoy en día, con la ciencia metiendo su cuchara, la pregunta es más directa: ¿realmente pueden caer peces del cielo? Y la respuesta, según los que saben, es que sí, pero tiene su jevito.
Una de las explicaciones más socorridas, y que suena hasta lógica, tiene que ver con las trombas marinas. Estas son como unos remolinos de aire que se forman encima del agua, parecidos a tornados, pero sobre el mar o lagos grandes. La teoría dice que, en ciertas condiciones, los vientos fuertes y el aire que sube con presión de estas trombas podrían levantar animalitos acuáticos pequeños, especialmente los que andan cerca de la superficie, ¡y llevárselos para arriba!
Si estos peces son arrastrados por el viento, podrían viajar un buen tramo y, cuando la fuerza del remolino se agota o las corrientes se calman, pues ¡zas!, caen al suelo en cualquier sitio. Físicamente, es una posibilidad que tiene sentido, y nos ayuda a entender cómo un pez termina en un lugar donde no hay agua. Sin embargo, no se ha demostrado que *todas* las lluvias de peces que se han documentado hayan sido causadas por estos fenómenos. Tampoco hay que pensar que las trombas chupan cantidades enormes de agua hasta las nubes; la mayoría de lo que se ve es vapor y gotas levantadas.
Hay un lugar que es famoso mundialmente por esta particularidad: Yoro, en Honduras. Allí, la ‘lluvia de peces’ es una tradición, un acontecimiento que forma parte de la identidad del pueblo. Los relatos cuentan que, después de tormentas bien fuertes, un sinnúmero de peces pequeños aparecen en los caminos, en los patios, en los solares. ¡Hasta tienen celebraciones populares por eso! Pero lo que complica la cosa para la teoría de las trombas marinas es que Yoro está tierra adentro, no al lado de la costa, lo que hace difícil que un remolino marino transporte peces hasta allí directamente.
Por eso, en el caso de Yoro, se barajan otras ideas. Una de ellas sugiere que las lluvias torrenciales podrían desbordar ríos o arrastrar peces desde masas de agua cercanas, dejándolos dispersos cuando el agua se retira. Otra hipótesis habla de corrientes subterráneas que, con las lluvias, emergen con los peces. Pero, de igual forma, ninguna de estas ha sido demostrada de manera concluyente para explicar *todos* los episodios. Y es que encontrar peces en el suelo después de un aguacero no es lo mismo que verlos caer directamente de las nubes, ¿verdad que no?
Y la vaina no es solo con los peces. También hay testimonios históricos de ranas, renacuajos y otros animalitos pequeños que aparecen de la nada después de lluvias intensas. Para algunos casos, el transporte por vientos fuertes podría ser la explicación, pero en otros, la verdad puede ser más sencilla: la lluvia hace que estos anfibios salgan de sus escondites o provoca movimientos masivos que, a primera vista, parecen una caída del cielo. Cada situación es un mundo y hay que mirarla con lupa, según el reporte.
Aunque hay gente que ha encontrado peces todavía vivos, esto tampoco demuestra por sí solo que hayan sobrevivido a una caída desde gran altura. Piénselo bien, mi gente, podrían haber sido depositados por aguas desbordadas poquito antes de que los encontraran. Lo que sí es bacano de estas historias es que nos enseñan lo mucho que una tormenta puede cambiar el paisaje en un ‘tic-tac’. A veces, detrás de algo que parece de película, hay una explicación meteorológica; otras veces, lo que falta no es una teoría, sino la evidencia que confirme lo que pasó.
Así que, sí, los peces pueden terminar donde uno menos se lo espera. Lo difícil, el verdadero ‘coro’, es demostrar cómo llegaron hasta allí. Es un misterio que, sin duda, sigue dándole dolor de cabeza a más de uno.
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