Un video que se ha regado como pólvora en las redes sociales ha encendido la chispa de la indignación en la República Dominicana, poniéndole un ‘stop’ a la supuesta forma de operar de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett). Un ciudadano, con cámara en mano, denunció un aparente ‘tigueraje’ en los operativos de tránsito, donde, según la noticia, se aplica una vara distinta para los conductores particulares y los choferes de guaguas y vehículos de transporte público. La queja es clara: mientras al ciudadano de a pie se le exige con rigor el uso del cinturón de seguridad, los transportistas, en muchos casos, transitan sin él, y, asegura el denunciante, sin que nadie les diga ‘ni pío’.
Esta situación pone en entredicho la equidad y la coherencia en la aplicación de las leyes de tránsito. El denunciante, con toda la razón del mundo, cuestiona esta aplicación selectiva, alegando que ha documentado un viaje de casos donde los agentes de la Digesett pasan por alto las infracciones de los choferes de transporte público. La doble moral, o al menos la percepción de ella, puede erosionar la confianza pública en las instituciones. Es una vaina que nos afecta a todos, porque al final del día, el cinturón de seguridad no es un adorno; es una herramienta vital que salva vidas, sin importar si uno va en un carro particular o en una guagua llena de gente.
La importancia del cinturón de seguridad no es un secreto para nadie aquí en el patio. Las estadísticas de accidentes de tránsito en nuestro país son para ‘coger cabeza’ y demuestran lo vulnerable que somos en las vías. Cada vida que se pierde o se ve afectada por un accidente es una tragedia que podría haberse evitado. Por eso, cuando las autoridades supuestamente hacen la vista gorda ante una infracción tan elemental como no usar el cinturón, el mensaje que se envía es confuso y, para muchos, hasta peligroso. No se trata solo de la multa; se trata de inculcar una cultura de prevención que proteja a todos los usuarios de las vías.
La Digesett, como organismo encargado de regular el tránsito, tiene la responsabilidad de garantizar que las leyes se cumplan a cabalidad y sin favoritismos. Sabemos que el trabajo de estos agentes no es un ‘chiste’, y que enfrentan desafíos a diario en nuestras calles. Sin embargo, la percepción de que hay excepciones para ciertos grupos de conductores puede generar una sensación de impunidad y, lo que es peor, incentivar a otros a incumplir las normas, pensando que pueden ‘buscarle la vuelta’ a la ley. Para que el sistema funcione, debe ser justo para to’ el mundo, sin importar la guagua que maneje o el tipo de vehículo.
La credibilidad de las instituciones es un pilar fundamental para el desarrollo de cualquier sociedad. Cuando los ciudadanos sienten que hay un trato preferencial o que la ley se aplica según ‘conveniencia’, la gente empieza a desconfiar y a perder el respeto por la autoridad. Este ‘coro’ de la denuncia viral no es una chercha; es un llamado de atención para que las autoridades de tránsito se pongan las pilas y revisen sus protocolos. La fiscalización debe ser transparente, coherente y, sobre todo, equitativa, para que así todo el mundo ‘coja cabeza’ y entienda que las reglas son para todos.
En un país donde el caos vehicular es parte de nuestra rutina, es esencial que cada normativa de tránsito se cumpla a rajatabla. La seguridad vial es un asunto serio que demanda la misma rigurosidad para todos los conductores, desde el que va en su carro con aire hasta el chofer de la ruta con la guagua ‘a la lata’. La Digesett tiene la oportunidad de mostrar que la ley es una sola, sin ‘tigueraje’ ni privilegios, asegurando que cada operativo contribuya a salvar vidas y a construir una cultura vial más responsable en la República Dominicana.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



