¡Qué vaina con las creencias populares que nos tienen en un lío! Muchos dominicanos y gente del mundo entero piensan que si un fuego se enciende mientras dormimos, el olfato en los sueños nos alertaría, con ese olor a quemado penetrante que nos sacaría de una vez del letargo. Pero, ¡ay, mi gente! La ciencia, con su seriedad que no juega, nos demuestra que confiar en la nariz dormida es una trampa bien peligrosa. Esa idea de que el olor a humo nos salvaría es, dique, un disparate que podría costarnos caro, según un reporte bastante jevi.
Asegún los estudios, específicamente un experimento clave de la prestigiosa Universidad de Brown, se puso a voluntarios a dormir y los expusieron a diferentes estímulos. Les tiraron un chin de aroma a menta y también piridina, esa sustancia que huele feo y es como si fuera humo, para ver qué pasaba. ¿Y qué fue lo que descubrieron? Pues mira, mientras que los ruidos fuertes, esas señales acústicas, despertaron a to’ el mundo de una vez, los olores apenas movieron un pelo. Y peor aún, durante las fases más profundas del sueño y la fase REM, que es cuando uno ‘ta soñando como un montro, los olores no hicieron ni cosquillas.
La verdad de este asunto radica en cómo está hecha nuestra cabeza, la arquitectura cerebral, para ser más preciso. La mayoría de los sentidos, como la vista o el oído, tienen que pasar por un punto clave en el cerebro que se llama tálamo. Este tálamo es como el centro de control, el interruptor que nos pone alante con la consciencia. Sin embargo, las vías del olfato tienen su propio camino; ellas no hacen escala en el tálamo cuando estamos durmiendo. Por eso, las moléculas de olor no logran activar el cerebro de la forma necesaria para que nos despertemos. ¡Es por esa vaina, mi gente, que los detectores de humo tienen esa sirena que te rompe el oído y no andan con ambientadores!
Pero ¡ojo!, que tampoco es que el sistema olfativo se apague por completo y se vaya de coro. Investigadores de la Universidad de Heidelberg hicieron sus propias averiguaciones y encontraron algo bien interesante. Si le ponían esencias de flores, como rosas, a la gente cuando estaba en la fase REM del sueño, los participantes decían que sus sueños eran más placenteros. En cambio, si el olor era a huevo podrido, ¡zas!, venían las pesadillas. No es que la gente soñara directamente con flores o huevos dañados, pero el olorcito cambiaba el ambiente emocional de sus historias nocturnas, dándole otro color a la chercha mental.
Esta información es de suma importancia, no es un relajo. Nos enseña que la seguridad personal no puede depender de un sentido tan ineficaz durante el sueño como el olfato. Para estar tranquilos en casa, hay que invertir en detectores de humo que funcionen con su buena alarma sonora. Imagínense el lío que se arma si dependemos de un olor que no nos va a despertar, eso sería un disparate de los grandes. Es vital que estemos conscientes de estas realidades científicas para proteger a los nuestros y no caer en cuentos de camino.
Santiago Campillo, el biólogo y comunicador científico que fue parte de este relajo, según la noticia, nos recuerda la importancia de estos estudios. Nos brinda una perspectiva que va más allá de lo que ‘dique’ siempre hemos creído. Es un recordatorio de que la ciencia siempre busca la verdad, por más chula o extraña que parezca, y nos ayuda a navegar por un mundo lleno de datos curiosos que impactan nuestra vida de una manera que ni nos imaginamos. Hay que estar pila con eso y siempre buscar la información verídica, sin inventadera, para no llevarnos de lo que ‘dique’ oímos por ahí.
Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




