¡Klk, mi gente! Aquí estamos, como siempre, con la lupa puesta en las vainas que nos duelen como pueblo. Y es que la ‘Justicia’ en nuestro país, según se está viendo, a veces parece un chiste de mal gusto. ¿Cómo se explica uno que haya un doble estándar tan descarado? Es una situación que nos tiene a todos con la cabeza caliente, y con razón. La gente ya está harta de ver cómo se protege a uno mientras al de aquí se le deja a su suerte. El sentir popular clama por equidad en un sistema que a menudo parece favorecer al que menos lo merece, dejando al dominicano en un limbo de impotencia.
En Jarabacoa, la indignación sube un viaje: un haitiano en condición irregular le prendió fuego a siete casas por una deuda, ¡siete hogares convertidos en cenizas! Esto es un atentado serio contra la vida y el patrimonio de familias trabajadoras. Sin embargo, a este individuo el Estado le ha dado un trato de guante blanco, protegiéndole sus derechos y asegurándole el debido proceso. Este incidente no solo pone en evidencia el desafío de la migración irregular, sino también la percepción de una ‘mano suave’ aplicada a extranjeros, en contraste con la mano dura que, según la gente, se aplica a los nacionales.
Pero la vaina no se queda ahí. Vámonos un poco más abajo, a La Cañada de Guajimía, en Herrera. Allí, Darlin Mercado Reyes, un muchacho de apenas 19 años, perdió la vida por un disparo de un agente de la Policía Nacional. Para Darlin, no hubo garantías; su vida fue segada de un plumazo. Este caso es un eco triste de la histórica falta de rendición de cuentas en la Policía Nacional, donde el uso excesivo de la fuerza y la impunidad han sido reclamos constantes por parte de la sociedad civil, especialmente en barrios vulnerables.
La dicotomía entre la protección al incendiario y la ejecución sumaria de un joven dominicano evidencia una crisis profunda en el sistema judicial. La percepción de una ‘justicia’ selectiva erosiona la confianza pública y exacerba la polarización social. El ciudadano siente que el estado de derecho está de lo más bien para unos pocos, pero es un calvario para la mayoría, alimentando un sentimiento de abandono y de que ‘el dominicano está en el suelo’, sin apoyo real de sus propias instituciones.
Este patrón de impunidad y trato desigual no solo genera indignación, sino que también amenaza la estabilidad social. Cuando las protestas de la comunidad, como los neumáticos quemados en Herrera, son la única vía para exigir respuestas, queda claro que los canales institucionales de justicia están fallando. La falta de consecuencias tangibles para los agentes implicados en abusos policiales, y la aparente lenidad en casos de crímenes graves por indocumentados, refuerzan la idea de que la ley no aplica para todos por igual. Es una herida abierta en el cuerpo de nuestra democracia que necesita cicatrizar con acciones concretas.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



