¡’Klk’ con la tierra! Parecería que la madre naturaleza está de lo más activa por el patio, y es que nuestra costa sur dominicana ha vuelto a sentir unos tembloritos que, aunque pequeños, ponen a más de uno con el ‘Jesús en la boca’. Tras el ‘vaina’ de los potentes terremotos en Venezuela, la actividad sísmica en el Caribe se ha mantenido en un ojo, y esta semana no ha sido la excepción. Este miércoles, registramos dos sismos perceptibles, junto con un ‘viaje de’ microsismos que solo los equipos detectan, pero que nos recuerdan que estamos sobre un polvorín geológico.
Los movimientos principales, de magnitudes 3.1 y 3.8, no causaron ni un rasguño, gracias a Dios. Pero el asunto va más allá de un susto pasajero; confirman el dinamismo geológico en nuestra querida Quisqueya, situada en la movida frontera entre la Placa del Caribe y la Placa de Norteamérica. Estos sismos son como pequeñas válvulas de escape, liberando energía acumulada y mostrando que la Tierra no se está durmiendo. Uno se localizó al sur de Sabana Grande de Palenque, San Cristóbal, y el otro al sur de Boca de Yuma, La Altagracia, ambos en aguas del Mar Caribe, asegún los datos del USGS y el Centro Nacional de Sismología de la UASD.
Es importante entender que un ‘viaje de’ estos movimientos telúricos menores son en verdad ‘bacanos’. Verás, la República Dominicana, en un año normal, registra entre 1,000 y 1,500 sismos de baja magnitud. O sea, que tener un promedio de 6 a 8 microsismos diarios, captados solo por los instrumentos después de un evento mayor en la región, es lo que los expertos llaman ‘actividad tectónica normal de reajuste’. Lejos de ser algo alarmante, estos pequeños ‘brekes’ subterráneos ayudan a que las placas liberen tensión de forma gradual, disminuyendo la probabilidad de un evento mucho más grande y ‘jevi’.
La ‘chercha’ de que si el temblor de Venezuela nos afecta directamente, tiene su lado científico. El violento reajuste de placas allá genera ondas sísmicas y variaciones de esfuerzo que, aunque no nos desencadenan terremotos mayores de una vez, sí mantienen activas nuestras fallas locales, como la profunda Trinchera de los Muertos, justo en nuestra costa sur. La sismología nos enseña que la liberación de energía después de un gran terremoto no se apaga de un día para otro, no, mi gente. Según la Ley de Omori, las réplicas pueden seguir por meses, años, ¡e incluso décadas!, solo que se van espaciando con el tiempo. Es como cuando la guagua va cogiendo su ritmo después de un frenazo.
Por eso, no hay que entrar en pánico ni hacerse eco de ‘vaina’ que no venga de fuentes oficiales. Es crucial mantener la calma y seguir las indicaciones de las autoridades, como el Centro de Operaciones de Emergencias (COE) y el Centro Nacional de Sismología de la UASD. Ellos son los que saben del ‘tigueraje’ de la tierra. La isla de La Española es un territorio sísmicamente activo por naturaleza, y conocer cómo funciona este ‘show’ natural nos permite estar mejor preparados y no caer en la ‘chercha’ ni en el miedo sin fundamento. Estar informados es la mejor forma de cuidarnos.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




