¡Pero qué vaina más grande! Mientras en el mundo el precio del barril de petróleo WTI baja como un coco maduro –entre US$2 y US$3, quedando cerca de los US$69.50– aquí, en nuestra querida Quisqueya, la gasolina no cede ni un centavo. En junio de 2026, lo que quedó más claro que el agua fue que la política de combustibles en República Dominicana no le hace caso al mercado; le hace caso a la conveniencia del momento, dejándonos con el combustible más caro de la zona. A ningún otro país de la región le están dando este tortazo.
El Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes, sin contemplación alguna, mantuvo los precios congelados todo el mes, como si estuviéramos viviendo en una isla aparte, sin conexión con la lógica económica mundial. Esta supuesta ‘estabilidad’, que de verdad lo que nos hace es un ‘desorden’ en el bolsillo, es la que impide que la tan anhelada rebaja llegue a la gente. La realidad es que el Estado confisca esa baja internacional para saldar sus viejas cuentas, haciendo que el consumidor de hoy pague los platos rotos de ayer. ¡Eso sí que es una trampa!
Y como si la vaina no fuera suficientemente amarga, el panorama en las bombas de gasolina se pone aún más feo. ¿Ha intentado pagar con tarjeta últimamente? ¡Agárrese! Porque le están metiendo un cobro adicional de siete pesos por galón. Los dueños de las estaciones se están negando a asumir el costo del verifón y nos están empujando de nuevo a los tiempos del efectivo, lo que nos expone a un tigueraje que no perdona. ¡Vamos para atrás como el cangrejo, con el riesgo de que cualquier atracador nos caiga atrás por andar con dinero encima!
Esta situación aprieta el bolsillo de todo el mundo. Los salarios están estancados, mientras la canasta básica sube más rápido que un cohete. Para colmo, el transporte público ya ha aumentado sus tarifas en 47 rutas a nivel nacional, castigando sin piedad al ciudadano de a pie, al que se la busca día a día. La verdad es que no hay excusas que valgan; ni siquiera el conflicto Irán-Israel, que tuvo sus picos de tensión, afectó directamente las rutas de suministro en América Latina. Esta ‘estabilidad’ de papel nos está asfixiando la economía real, y eso no está de lo más bien.
Ya es hora de que la República Dominicana exija una política de combustibles que de verdad respete al que trabaja. ¿Por qué no aplicamos la lógica de una vez? Si el petróleo baja afuera, aquí tiene que bajar con la misma velocidad con la que nos lo suben. Si el dólar se enfría, el precio en la bomba debería aligerarse. Y si hay subsidios, que se expliquen con números claros, sin tanta chercha ni secreto de Estado. La gente merece saber la verdad, sin rodeos.
Como decía aquel chofer de concho en la Zona Colonial, con la paciencia al límite, escuchando las noticias: ‘Doña, aquí la gasolina es como el mal de ojo; que solo sube y nunca se quita’. Nos han acostumbrado a una ‘estabilidad’ que solo es cómoda para el que recauda, pero que es un infierno para el que intenta llenar un tanque. Es tiempo de que la fórmula deje de ser un secreto bajo siete llaves y se convierta, por fin, en un acto de justicia aritmética para el pueblo. ¡Así de simple!
Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



