La República Dominicana se encuentra de luto, y no es para menos, ante la dolorosa partida de Esmeralda Moronta, una joven vida truncada por la violencia machista. En un velatorio cargado de un dolor tan profundo que ‘apechaba’ el alma, familiares y amigos se congregaron en la Funeraria Municipal Los Girasoles, en el Distrito Nacional, buscando un poco de paz en medio de tanta ‘vaina’ triste. El ambiente íntimo y la petición de privacidad a los medios son un grito mudo que nos recuerda la necesidad de respetar el duelo, mientras la impotencia por lo sucedido se siente en cada rincón del país.
La tragedia de Esmeralda es de esas que te dejan ‘quillao’ y pensativo, no solo por el hecho en sí, sino por las circunstancias que lo rodearon. La joven de 33 años fue vilmente asesinada a tiros por su expareja, Omar Tejeda Guzmán, de 48, justo a las afueras de la Fiscalía de Violencia de Género en Alma Rosa I, Santo Domingo Este. ¡Imagínense ustedes la ironía y el ‘cuajo’ de la situación! Minutos antes, Esmeralda había estado allí, buscando protección y poniendo una querella por acoso y rastreo con GPS. Salió buscando seguridad y encontró la muerte, perseguida hasta un colmado donde el agresor le arrebató la vida antes de suicidarse. Esto no es solo una noticia; es un espejo de las fallas de nuestro sistema y la urgencia de que se ‘bregue’ de verdad con la seguridad de las mujeres.
Este caso pone de manifiesto una problemática que, lamentablemente, se ha vuelto recurrente en nuestra sociedad: la violencia de género. A menudo, las víctimas buscan ayuda en las instituciones, como hizo Esmeralda, pero se encuentran con barreras o, peor aún, con un sistema que no logra garantizar su protección de manera efectiva. La falta de respuesta inmediata o de medidas preventivas robustas ante denuncias de acoso y amenazas, deja a muchas mujeres en una situación de extrema vulnerabilidad. ¿Hasta cuándo vamos a seguir contando estas historias ‘tan duras’, sin que se implementen cambios significativos que blinden la vida de nuestras hermanas, hijas y madres? El ‘tigueraje’ del feminicidio nos está arropando y ya ‘está de lo más bien’ que la sociedad exija un paro a esta situación.
La pérdida de Esmeralda deja un vacío inmenso y una herida abierta en el corazón de dos pequeños: sus hijos de 10 y 4 años, el menor procreado con el mismo hombre que le segó la vida. Estos niños, que ahora enfrentan una realidad desgarradora sin su madre, son el vivo reflejo del impacto devastador que esta ‘vaina’ de violencia deja a su paso. Más allá de la pena inmediata, la sociedad dominicana debe reflexionar sobre cómo acompañar y proteger a estas víctimas indirectas, garantizando su bienestar futuro y ofreciéndoles el apoyo psicológico y económico que tanto necesitarán. Es un ‘viaje de’ compromiso que debemos asumir como país.
En este momento de ‘apechao’ dolor, la familia de Esmeralda ha pedido respeto y discreción, un clamor que debemos escuchar y acatar. No es momento para el ‘show’ mediático, sino para la solidaridad y el recogimiento. Sin embargo, su duelo no debe ser en vano; este dolor debe transformarse en una fuerza colectiva para exigir a nuestras autoridades una seguridad real y medidas contundentes contra la violencia de género. Que la memoria de Esmeralda nos impulse a todos a luchar por un país donde ninguna mujer tenga que temer por su vida simplemente por existir. ¡Ya basta de esta ‘vaina’ que nos arropa a todos!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




