La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha soltado una ‘bomba’, revelando que la COVID-19 cobró la vida de nada más y nada menos que 22.1 millones de personas a nivel global. ¡Un ‘vainón’ que triplica las cifras que nos habían dicho! Asegún los datos del informe sobre estadísticas sanitarias globales 2026, esto significa que por cada muerte reportada, hubo dos más relacionadas con el virus, dejando claro que la magnitud de esta pandemia fue un ‘tremendo lío’ que nos tomó a todos con la guardia baja.
Esta diferencia abismal entre lo notificado y lo real no es un misterio para los que vivimos la pandemia de cerca. Aquí en el patio, el COVID no solo causó muertes directas, sino que también desorganizó los servicios de salud y provocó un ‘viaje de’ muertes indirectas por otras condiciones que no pudieron ser atendidas. Los expertos de la OMS resaltan la subnotificación como un problema serio, pero también la interrupción de la atención médica habitual, las dificultades económicas y los factores sociales, que juntos formaron un ‘batatazo’ que afectó a la población más vulnerable.
El informe detalla que el pico de estas muertes en exceso se dio en 2021, con 10.4 millones de decesos adicionales. ¿Y quién no se acuerda de ese año? Fue cuando la vaina se puso más ‘color de hormiga’ con la aparición de variantes más ‘bravas’ como la Delta, que puso a los sistemas de salud a ‘sudar la gota gorda’. Aquí en la República Dominicana, vivimos ese momento con hospitales al tope, el personal de salud haciendo un trabajo ‘jevi’ pero bajo una presión ‘que no es fácil’, y la gente con el Jesús en la boca.
Más allá de las vidas perdidas directamente por el virus, este ‘golpe’ global impactó severamente la esperanza de vida. Entre 2019 y 2021, la esperanza de vida mundial bajó de 73 a 71 años, y la saludable de 63 a 61. ¡Una reversión de casi una década de progreso! Aunque ya en 2023 se ha visto una recuperación, especialmente para las mujeres, los hombres y la esperanza de vida saludable para ambos sexos todavía están un poquito por debajo de los niveles pre-pandemia. Esto nos enseña que la recuperación es un proceso, y aunque se ha ido levantando la cabeza, la cosa no está ‘de lo más bien’ para todos por igual.
Este ‘wake-up call’ de la OMS es vital para darle mente a cómo nos preparamos para futuras emergencias sanitarias. Nos obliga a tener sistemas de monitoreo de datos más robustos y transparentes, especialmente en países en desarrollo donde la infraestructura de salud puede ser más frágil. Es hora de montar estrategias de prevención más efectivas, reforzar nuestros hospitales, y asegurarnos de que la población tenga acceso equitativo a la atención. Porque ‘asegún’ se ve la cosa, no podemos permitir que otra vaina así nos agarre desprevenidos.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




