¡Klk, gente! Parece que la ‘vaina’ del amor y el desamor formal está dando un giro interesante por aquí en nuestra Quisqueya. La Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) nos acaba de soltar los datos más recientes y, según ellos, tanto el Matrimonio como los divorcios registraron una baja en 2025. Para ser más exactos, los matrimonios disminuyeron un 8.72 % respecto a 2024, pasando de 44,645 a 40,750 uniones. Una reducción que nos pone a pensar si la gente se está ‘azotando’ menos a la formalidad o si es que hay otras prioridades en el aire.
Este descenso en las uniones formales es un reflejo de tendencias que, aunque no son exclusivas de nuestra media isla, sí nos calan hondo. Quizás el ‘tigueraje’ de hoy en día, especialmente los más jóvenes, está priorizando otros aspectos de la vida, como la educación, el desarrollo profesional o la estabilidad económica, antes de dar el paso al altar. Es una realidad que los costos asociados a una boda y a mantener un hogar son un ‘paquete’ pesado, y muchos prefieren construir una base sólida antes de embarcarse en esa ‘aventura’. Esto puede estar detrás del porqué vemos que la edad promedio para casarse sigue subiendo, una ‘chercha’ que se ha mantenido constante por más de una década.
Hablando de la edad, los números de la ONE nos confirman que las mujeres, aunque se casan a edades más tempranas que los hombres, también están esperando más. El promedio general en 2025 fue de 38 años, subiendo desde los 35.03 de 2013. Es decir, esa idea de casarse ‘de una vez’ al terminar la universidad ya no es lo que ‘está de lo más bien’ para muchos. La juventud dominicana, con acceso a más información y oportunidades, está redefiniendo sus tiempos y sus expectativas sobre la vida en pareja. Se busca una madurez que antes quizás no se consideraba tan crucial para iniciar un hogar, haciendo que el ‘bacano’ del compromiso venga con un sello de más planificación.
Geográficamente, vemos que la cosa no es igual en todos lados. Provincias como Monseñor Nouel, el Distrito Nacional y Hermanas Mirabal tienen tasas de nupcialidad más altas, quizás por factores culturales, económicos o incluso por la densidad poblacional que facilita ‘un coro’ más amplio para encontrar pareja. En contraste, Elías Piña o Pedernales muestran números bien bajitos. Esta disparidad territorial nos dice mucho sobre cómo las realidades socioeconómicas de cada zona influyen directamente en decisiones tan personales como el matrimonio. Además, no podemos olvidar que muchas parejas viven en unión libre, una ‘vaina’ muy común en nuestro país que no siempre se refleja en estas estadísticas formales.
Y si pensaban que el relajo era solo con los matrimonios, ¡pues no! Los divorcios también se redujeron, un 6.29% menos que en 2024, con 24,711 casos en 2025. Aunque el Distrito Nacional sigue ‘dando la para’ con la tasa más alta de divorcialidad, esta baja general podría interpretarse de varias formas. ¿Será que, al haber menos matrimonios, hay menos posibilidades de divorcio? ¿O es que las parejas que sí se casan están más seguras de su decisión y le ‘meten más cabeza’ a que la relación funcione? La verdad es que la vida en pareja es un ‘lío’, y cada vez más, la gente busca que la unión sea para ‘estar de lo más bien’, y si no, pues se resuelve. Cabe recordar el año 2020, que fue un ‘bonche’ de datos atípicos por la pandemia, afectando el registro de estos procesos.
En definitiva, estos números de la ONE nos invitan a reflexionar sobre la evolución de la familia dominicana y las prioridades de nuestra gente. Estamos viendo un cambio cultural donde la formalidad se posterga, se sopesa más y se adapta a los nuevos tiempos. Ya sea por prudencia económica, aspiraciones profesionales o simplemente una visión más relajada del amor, la ‘vaina’ del matrimonio y el divorcio sigue su curso, pero con un ritmo diferente al que estábamos acostumbrados. Habrá que ver si esta tendencia se mantiene o si el ‘coro’ del amor nos sorprende con otra ‘jevitud’ en los años venideros.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




