Monumento de Capotillo: ¡Qué ‘vaina’ de abandono en Dajabón!

¡Mano, la situación en el Monumento de Capotillo, allá en la frontera con Dajabón, es una ‘vaina’ de no creer! Mientras nuestra bandera dominicana ondea con orgullo, la estructura conocida como la ‘Lengüeta de Fuego’, que se levantó para honrar a los héroes de la Restauración, se está cayendo a pedazos. Estamos hablando de grietas, filtraciones y un abandono que da dolor, mi gente. Es un contraste fuerte con la gesta del 16 de agosto de 1863, cuando un grupo de patriotas gritó ‘¡Viva la República!’ y prendió la mecha de la Guerra de la Restauración.

Para que se entienda la magnitud de esta desidia, hay que recordar que Capotillo no es un sitio cualquiera. Fue allí, en esa misma tierra fronteriza, donde se dio el histórico Grito de Capotillo, un momento cumbre que marcó el reinicio de nuestra lucha por la soberanía tras la anexión a España. Ese día, tigueres con agallas decidieron que la patria no se vendía, ni se entregaba, y echaron pa’lante con todo el coraje que nos caracteriza como dominicanos. Este monumento, pues, es un recordatorio palpable de que la libertad no vino sola, sino que se conquistó con sangre y sudor, y por eso el descuido actual es un golpe bajo a esa memoria.

Si el exterior te choca, el interior ni se diga. Aseguún la noticia, donde antes había cuadros e imágenes que contaban la historia de nuestros héroes restauradores, hoy solo hay paredes con el cuero cuarteao por la humedad. Es como si la historia misma se estuviera desdibujando por la negligencia. No se sabe ni qué destino tuvieron esas piezas históricas, lo cual ahonda más la sensación de que a este lugar, que es un baluarte de nuestra identidad, no le están dando la mínima importancia. Y pa’ colmo, ni un personal capacitado hay para recibir a la gente y explicarles la trascendencia de todo eso. ¿Cómo le vamos a enseñar a los muchachos la magnitud de la vaina si no hay quien cuente el cuento?

La verdad es que la vigilancia visible recae principalmente en los muchachos del Cuerpo Especializado en Seguridad Fronteriza Terrestre (Cesfront), que siempre están activos en la frontera. Pero, mi gente, el mantenimiento estructural y la preservación histórica de un monumento como este es una responsabilidad que va mucho más allá de las tareas de seguridad. La noticia lo deja claro: se necesita una intervención institucional de peso. Y la ‘chercha’ se pone más amarga cada 16 de agosto, cuando el país celebra la Restauración. Las autoridades provinciales se dan su vuelta, pero el monumento sigue ahí, cayéndose a pedazos, ‘sin pena ni gloria’, como dicen los ciudadanos que ven la vaina día a día. ¿Será que no le ven la cara al abandono?

Lo que está en juego aquí, señores, es más que una simple edificación agrietada; es una parte esencial de la memoria histórica dominicana que se está desvaneciendo. Cada filtración, cada pared que se desmorona y cada imagen que falta, representa una herida abierta en el corazón de nuestra identidad nacional. Este monumento es un recordatorio tangible de la lucha por la libertad y la soberanía. Dejarlo caer es como olvidarnos de quiénes somos y de dónde venimos. Es una falta de respeto a aquellos que lo dieron todo para que hoy tengamos la República que tenemos. ¡Eso es una ‘vaina’ de no creer, en serio!

Por eso, la gente de la zona y los sectores preocupados por nuestro patrimonio cultural están pidiendo a gritos una intervención urgente. No es justo que el Monumento de Capotillo sea solo un telón de fondo para fotos y discursos en las fechas patrias. Este lugar tiene que ser un espacio vivo, bien cuidado, ‘chulo’ de verdad, que inspire y enseñe a las nuevas generaciones el valor de la libertad y el sacrificio. Es hora de que nuestras autoridades nacionales y provinciales se pongan las pilas de una vez por todas y demuestren que sí les importa nuestra historia y nuestra identidad. ¡No podemos dejar que se pierda esta ‘joya’ de nuestra historia!

La conservación de este monumento no es un gasto, sino una inversión en nuestra dominicanidad. Es fundamental que la ‘Lengüeta de Fuego’ arda con el fuego del recuerdo y el orgullo, y no con el fuego de la vergüenza por el descuido. Debemos asegurar que el legado de Capotillo permanezca intacto, como un faro para las futuras generaciones, demostrándoles que valoramos la herencia de nuestros próceres. ¡A Capotillo hay que echarle una mano y restaurarlo con el mismo esmero con que nuestros ancestros restauraron la patria!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!

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