El Mundial 2026 se perfila para ser no solo el torneo de fútbol más grande de la historia, con 48 selecciones y más de cien partidos repartidos en Estados Unidos, Canadá y México, sino también un evento sin precedentes en cuanto a seguridad y monitoreo. Se está armando una verdadera ‘vaina’ de tecnología para mantener todo bajo control, con un despliegue de vigilancia extrema que dejará a muchos con la boca abierta. La escala es tal que promete redefinir lo que entendemos por seguridad en megaeventos, elevando la barra a niveles antes inimaginables.
Este impresionante aparato de seguridad se justifica, asegún las autoridades, por un contexto global de riesgos terroristas, una preocupación legítima que marca la pauta para los países anfitriones, especialmente Estados Unidos, que albergará la mayoría de los encuentros. La Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) ya ha metido la mano al fuego, emitiendo una advertencia de viaje que subraya el aumento de la vigilancia y la posible represión a la libertad de expresión. ¡Una situación que pone a uno a pensar si el ‘tigueraje’ se les irá de las manos!
Entre las herramientas más ‘bacanas’ que se desplegarán, tenemos los drones y, aún más importante, los sistemas antidrones. Empresas como Fortem Technologies y Sentrycs, ya con experiencia en el Mundial de Qatar 2022, están al frente de esta batalla aérea para asegurar que ninguna amenaza voladora se acerque a las sedes. Además, el reconocimiento facial, que ya vimos en Qatar con miles de cámaras, se amplía ahora a estadios como Boston, Miami y Atlanta, integrándose incluso para pagos y acceso. ¡Hasta en los autobuses de Kansas City habrá cámaras con esta tecnología, así que prepárate para sentirte más observado que un ‘plátano maduro’ en el patio!
Pero la cosa no se queda ahí, mi gente. La novedad que más ha llamado la atención son los famosos ‘perros’ robots de Boston Dynamics. Estos aparatos, equipados con cámaras capaces de detectar rostros, patrullarán estadios en Dallas, Texas, Nueva Jersey y hasta en Monterrey, México. Es una ‘chercha’ ver cómo la tecnología avanza a pasos agigantados, trayendo robots que parecen sacados de una película de ciencia ficción a nuestras canchas de fútbol. Sin embargo, estas innovaciones también levantan cejas y provocan un ‘viaje’ de preguntas sobre la privacidad y el futuro de la seguridad.
Detrás de este gran despliegue tecnológico hay grandes empresas como Lenovo, que gestionará el centro de mando, y Booz Allen Hamilton, que proporcionará plataformas de información situacional en tiempo real. La preocupación que subyace es que estas medidas, que se presentan como temporales para el Mundial, acaben siendo permanentes. El analista Matthew Guariglia de Electronic Frontier Foundation lo advierte: la infraestructura de vigilancia tiende a quedarse, y esto podría coartar las libertades civiles mucho después de que se levante la copa. Incluso la presencia del ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) durante los partidos genera temor entre la población migrante, aunque su rol específico no ha sido del todo claro. Es una ‘vaina’ que hay que estar ‘mosca’.
Este Mundial no solo será un espectáculo deportivo, sino también un campo de pruebas masivo para la tecnología de vigilancia y seguridad. Se está presenciando una ‘militarización del deporte’ donde los eventos se convierten en bancos de ensayo para nuevas capacidades policiales y militares. Organizaciones como Privacy International temen que esto normalice herramientas de vigilancia masiva, borrando las líneas entre seguridad y privacidad. Es un ‘bacano’ evento, pero con un ‘klk’ de trasfondo que merece nuestra atención y discusión.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).



