La comunidad de San Gerónimo, aquí en el Distrito Nacional, está de luto por una de esas noticias que nos dejan con un nudo en la garganta. Don Leslis Santana, un nonagenario de 89 años, perdió la vida de la forma más trágica imaginable, atropellado por un motorista que, sin importar un bledo, ignoró el paso peatonal. Esto no fue un simple accidente, sino una clara demostración de la imprudencia que, lamentablemente, se ha vuelto parte del día a día en nuestras calles, especialmente por el lado del tigueraje que anda en motor.
Este suceso, captado por las cámaras de seguridad que están por ahí, nos deja pensando en la cultura vial que tenemos. Asegún los testigos, varios motoristas se habían parado con su debida cortesía para que Don Leslis, que venía del supermercado con su compra, pudiera cruzar sin problemas. Pero no falta el imprudente, el que se cree dueño de la calle, que rebasó a los demás y se llevó por delante al señor. ¡Qué vaina más grande! Es un espejo de la falta de respeto a las normas y a la vida ajena que se ve a cada rato con los que andan en guagua o motor.
Don Leslis no era un viejito cualquiera, estaba a ley de nada para cumplir sus 90 años en julio. La familia lo describe como un hombre activo, lleno de vida y ejemplar, de esos que a pesar de la edad, se mantenían independientes y con su rutina. Su partida deja un vacío inmenso, y no es para menos. Un allegado lo dijo bien claro: ‘No es solo un accidente, es el resultado de la irresponsabilidad de quienes no respetan las normas básicas ni la vida de los peatones’. Y es que aquí, la chercha es que el que va a pie es el que tiene que cuidarse de un viaje de cosas, no los choferes.
Este lamentable incidente vuelve a poner sobre la mesa la fragilidad de nuestros envejecientes en la vía pública y la necesidad urgente de hacer cumplir la Ley de Tránsito 63-17. Las autoridades tienen que ponerse ‘pa’ esto’ de una vez por todas. No podemos seguir con este relajo de que la vida no vale nada. Hay que meterle el peso de la ley a los responsables y también hay que educar, porque el problema es cultural. Es un coro que va más allá de un simple multazo; es cambiar la mentalidad de los que manejan como si no hubiera un mañana.
La familia Santana está pidiendo justicia, y con toda la razón. Este es un llamado no solo a la Policía o a la AMET, sino a todos los conductores para que tomen conciencia y respeten al peatón, que es el más vulnerable. Si seguimos así, este tipo de tragedias se seguirán repitiendo y más familias dominicanas van a sufrir lo indecible. Es hora de que el respeto a la vida y a las normas de tránsito sea un asunto serio, ¡qué se pongan bacanos con eso!Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!
Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




