La República Dominicana se encuentra en una posición bien complicada, como en un sándwich, por culpa del tranque comercial que mantienen Estados Unidos y China. No es un coro cualquiera; esta vaina impacta de frente la economía de nuestro país, ya que ambas potencias son claves para nuestro comercio, tanto el de aquí como el de afuera.
Asegún el reporte, la pegada económica de esta pugna geopolítica nos llega por dos vías principales. Primero, Estados Unidos sigue siendo nuestro socio comercial número uno, el que más nos compra y al que más le vendemos. Segundo, China, aunque no tengamos acuerdos comerciales tradicionales con ellos, se ha convertido en uno de nuestros suplidores más fuertes. Esa dependencia de ambos gigantes nos pone en un aprieto cuando se arma el lio entre ellos, y el reconocido economista Juan Del Rosario, según la noticia, subraya que si la cosa sigue así, sin una solución a la vista, los precios de los bienes, las materias primas y los insumos que importamos se van a la Luna, afectando de lleno a la gente.
El especialista, de acuerdo al reporte, detalla que si los ‘gringos’ siguen metiéndole aranceles altos a las importaciones que vienen de China –especialmente a las materias primas–, entonces los costos de esos productos en el mercado estadounidense van a seguir subiendo. ¿Y qué significa eso para nosotros? Pues que, de una vez, esos costos se nos trasladan a los productos que compramos de EE. UU., provocando lo que se conoce como ‘inflación importada’. Imagínate la situación: si el acero chino, por ejemplo, que es esencial para los automóviles, se encarece por esos gravámenes, el carro que importamos al final nos sale más caro. Es un ‘tigueraje’ que nos afecta directamente el bolsillo.
Pero la cosa no para ahí. El reporte también nos recuerda que a las exportaciones dominicanas que van para Estados Unidos les han puesto un arancel adicional del 12.5 %. La justificación, según la noticia, es que nuestro país importaba productos de otras naciones donde, según la visión estadounidense, existían condiciones de trabajo forzoso. Esto no es un simple detalle, mi gente, porque este gravamen hace que nuestra mercancía sea más cara en el mercado norteamericano y nos quita competitividad frente a otros países de la región que, ¡qué vaina!, tienen un arancel preferencial del 10 %. Es decir, salimos perdiendo en la cancha.
Y como si fuera poco, el impacto de estas tensiones comerciales también le da un golpe bajo a las remesas que envían nuestros hermanos desde Estados Unidos. Cuando la vida allá se pone más cara por los aranceles, los dominicanos que están trabajando en tierras gringas tienen que destinar una mayor parte de su salario a cubrir sus gastos básicos diarios. Esto significa que les queda menos chelito disponible para mandar a sus familias aquí en la República Dominicana. Es un efecto dominó que presiona el volumen de esos recursos tan vitales para un viaje de hogares en el país, haciendo que tengan que ‘bregar’ con menos para lo mismo.
Esta situación pinta un panorama desafiante para la economía dominicana, ya que no solo enfrentamos precios más altos y menor competitividad en las exportaciones, sino que también se resiente un pilar fundamental como son las remesas. La permanencia de este ‘relajo’ entre las potencias globales nos obliga, como país, a buscar estrategias para mitigar estos efectos y proteger nuestra estabilidad económica. Es un momento crucial para la planificación y la resiliencia en un mercado mundial que, según lo que vemos, está cada día más enredado.
Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!



