Santo Domingo, República Dominicana. Una ‘vainita’ que tiene al comercio tradicional con los nervios de punta: la expansión acelerada de negocios chinos en nuestras calles. Iván García, presidente de la Federación Dominicana de Comerciantes (FDC), encendió las alarmas, catalogando esta situación como una amenaza real para la subsistencia de los comerciantes del patio. El ‘coro’ está cambiando el rostro comercial de ciudades clave, según el reporte.
La transformación es dramática. García reveló que la Asociación de Comerciantes de las emblemáticas calles Duarte y Mella, de 91 establecimientos, hoy apenas cuenta con siete. ‘Prácticamente la Duarte, la Mella, la José Martí, son tiendas de ciudadanos chinos’, afirmó. Este ‘tigueraje’ se replica en Santiago, San Francisco de Macorís y Moca, donde sectores como el de repuestos en Santiago ya están mayormente en manos foráneas.
La FDC denuncia prácticas que otorgan ventajas injustas. Mencionan el predominio de ventas en efectivo y cuestionan el cumplimiento de facturación, comprobantes fiscales y la situación laboral de empleados extranjeros. Mientras el comercio formal asume impuestos, seguridad social y obligaciones laborales, otros operan con estructuras de costos significativamente menores, creando una competencia desleal.
Ángel Viro, presidente de la Asociación Nacional de Empresas e Industrias de Herrera (Aneih), enfatizó que el comercio dominicano no teme competir, ‘¡qué va!’, pero exige ‘cancha pareja’ y ‘sin peros en el rabo’. La demanda no es impedir nuevos comercios, sino que todos operen bajo las mismas reglas. Las ofertas de precios bajos, si no van ligadas al cumplimiento de la ley, son una competencia inaceptable y ‘un relajo’.
Viro aclaró que ‘los chinos no inventaron la venta barata’, sino que la diferencia radica en las condiciones operativas. Urge revisar el pago de impuestos, declaración de mercancías, formalización laboral y aportes a la seguridad social. La transparencia en estos aspectos es crucial, ya que el incumplimiento no solo afecta a la competencia directa, sino que impacta gravemente las recaudaciones del Estado, clave para los servicios públicos y la capacidad de inversión nacional. También pidió a los consumidores fijarse en la calidad, no solo el precio.
Un punto que ‘está de lo más raro’ es la agilidad con que se habilitan grandes establecimientos. Viro cuestionó cómo un empresario local tarda meses en obtener permisos, mientras aparecen estructuras ‘bacanas’ en tiempos récord. Urge que las autoridades le ‘metan el ojo’ a los permisos de construcción y seguridad, pues edificaciones sin normas adecuadas representan un peligro para todos, ¡sin ‘guayabita’! La fiscalización efectiva y supervisión rigurosa son claves para una competencia justa y proteger el empresariado.Si te ha gustado este artículo, ¡compártelo con tus amigos, o déjanos un comentario!




