¡Qué vaina más grande está pasando en nuestra República Dominicana! Mientras los días corren, la psiquiatra Alexandra Hichez nos pone a pensar con una pregunta que cae como plomo caliente: ¿cuál es el alcance de los roles que jugamos (o, mejor dicho, no jugamos) como padres, vecinos, amigos y conocidos? Asegún ella, es precisamente esa conducta pasiva, ese «no es mi problema», lo que está descalabrando nuestra sociedad, sembrando la falta de conciencia y una educación que parece irse por el barranco.
Las declaraciones de la doctora Hichez no vienen de la nada. Están directamente relacionadas con los recientes y dolorosos episodios de fratricidio y feminicidio que han sacudido el país en estos primeros días del año. No es un secreto que la violencia es una problemática con raíces profundas en nuestro pueblo. La psiquiatra la describe como un círculo, con su propia estructura, y no hay mejor manera de entenderlo para poder enfrentarlo.
El cuestionamiento de la doctora Hichez resonó fuerte a raíz del espantoso caso de Ankelsy Valerio de Jesús, quien, presuntamente, quitó la vida a Anelsy Ceballos de Jesús, una niña de apenas 13 años, y dejó gravemente herido a Enmanuel Núñez Batista en Los Solares de Duarte Arriba el pasado 28 de enero. Esas noticias nos dejan a todos con un nudo en la garganta y nos hacen preguntarnos: ¿pudimos haber hecho algo? ¿Hubo señales que ignoramos?
Pero la crítica de Hichez no se queda solo en el pueblo; también le da su galleta a las autoridades. A pesar de los programas y políticas públicas que se diseñan para abordar estos problemas sociales, parece que la cosa no termina de cuajar. La formación y la prevención son clave, y si bien hay esfuerzos, la realidad nos demuestra que no son suficientes para frenar esta epidemia de violencia.
“Cuando la sociedad entienda que es partícipe de esos actos, aunque no se gesten dentro de su misma casa, vamos a tener resultados diferentes”, explicó la doctora Hichez. Es una verdad cruda, pero necesaria. Ella misma citó un caso reciente donde una señora perdió la vida a manos de su pareja, quien luego se quitó la suya. “Nadie dice nada”, lamenta Hichez, y nos recuerda el refrán dominicano por excelencia: “En lío de marido y mujer nadie se tiene que meter”. Pero, ¿y si nos tenemos que meter? ¿Y si esa vaina está costando vidas?
La Dra. Alexandra Hichez es una figura clave en la explicación del “Círculo de la Violencia”. Lo ha explicado un viaje de veces en medios y conferencias, haciendo un llamado constante a la comunidad y a la familia para que seamos agentes de cambio y no cómplices silenciosos. Es que, klk, la indiferencia es un veneno lento pero efectivo que corroe el tejido social.
El concepto del Círculo de la Violencia, originalmente desarrollado por la psicóloga estadounidense Lenore E. Walker en su libro The Battered Woman (1979), nos ayuda a entender la dinámica de estas relaciones patológicas. Consta de tres fases que se repiten una y otra vez, atrapando a las víctimas y muchas veces a los agresores en un ciclo infernal que parece no tener fin si nadie interviene.
Primero, está la Fase de Acumulación de Tensión. Aquí la cosa se empieza a poner rara. Hay más irritabilidad, discusiones sin sentido, un ambiente pesado que se siente en el aire. La víctima siente que la guagua está cogiendo fuego y que en cualquier momento se va a armar la de Caín. Esos pequeños indicios, esas señales de alerta, son muchas veces ignoradas por los que están alrededor, o simplemente se les resta importancia, creyendo que “es un pleito de pareja normal”.
Luego viene la Fase de Estallido de Violencia (Explosión). ¡Y es ahí donde el pleito explota! Es el momento donde la tensión acumulada se libera en un episodio de abuso, que puede ser físico, psicológico, sexual, o la combinación de varios. Es la golpiza, la humillación pública, la amenaza. Es el punto más visible, el que a veces nos llega como noticia, pero que rara vez se detiene de forma efectiva por la intervención externa.
Finalmente, tenemos la Fase de Luna de Miel. Después del desastre, el agresor se arrepiente, pide perdón, promete cambiar, se pone cariñoso, te baja la luna y las estrellas. La víctima, en medio de la confusión y el amor que alguna vez existió, se agarra a esa esperanza. Cree que, esta vez sí, todo será diferente. Pero es un espejismo, un descanso momentáneo antes de que el ciclo vuelva a empezar. Y ahí es donde la pasividad social juega un rol fatal, porque permite que la esperanza vana de la víctima se mantenga.
La Dra. Hichez, con su experiencia en psiquiatría forense y adicciones, usa este modelo para orientarnos a todos. Ella nos enseña a identificar los parámetros de una relación violenta, a no normalizar lo que no es normal y a entender la importancia de buscar ayuda profesional. Porque, como ella dice, la victimización es un componente fuertísimo en este círculo, que inhibe a las personas de tomar decisiones asertivas para su propio proyecto de vida. La verdad es que un viaje de gente se queda atrapada por la dependencia, el miedo o el simple hecho de que creen que es lo que les tocó vivir.
Pero el mensaje más poderoso de Alexandra Hichez es sobre la prevención. Ella enfatiza que la prevención de la violencia no es solo un asunto de policías o psicólogos; empieza con la educación en la casa, con el respeto que nos enseñan (o no nos enseñan) y con los valores que cultivamos. Es un trabajo que va desde la cuna hasta la tumba, y en el que cada uno de nosotros tiene una responsabilidad. No podemos seguir con el tigueraje de mirar para otro lado cuando vemos a alguien sufriendo, o cuando sabemos que una situación se está poniendo fea en el barrio o con un familiar.
Un dominicano es un ser sociable, que le encanta el coro, la chercha, compartir. Pero a veces, esa misma cercanía nos hace cómplices silenciosos del mal. Nos da vergüenza meternos, o miedo, o simplemente asumimos que “esa es su vaina”. ¡Pues no! Esa vaina nos está jartando a todos y descalabrando nuestro país. Es hora de dejar esa pasividad atrás, de ponernos las pilas y de actuar de una vez por todas. Si vemos algo, si sabemos algo, hay que hablar. Hay que apoyar. Hay que romper el ciclo.
La atención médica y emocional es fundamental para la recuperación de los afectados, claro que sí. Pero antes de llegar ahí, necesitamos una sociedad más atenta, menos indiferente. Necesitamos dejar el miedo o el desinterés de lado, y asumir que la violencia que le ocurre al vecino, también nos afecta a nosotros. Porque al final del día, todos somos parte de esta misma guagua llamada República Dominicana, y si se nos va a pique, nos vamos todos.
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