En los últimos días, un video que anda “en boca de todos” ha encendido las alarmas en el sector salud de la República Dominicana, específicamente en Bonao. Una ciudadana, visiblemente afectada, denunció un maltrato en hospital, así como una cruda falta de atención en la sala de emergencias del Hospital Pedro Emilio de Marchena. Esta situación, capturada y compartida en redes, ha generado un revuelo, poniendo en jaque la calidad de servicio que, como dominicanos, esperamos y merecemos en los centros de salud públicos. La queja principal es que, a la hora de una emergencia donde cada segundo cuenta, el personal parecía más enfocado en sus dispositivos móviles que en el deber sagrado de salvar vidas.
La denunciante relató la “tremenda vaina” que vivió, señalando directamente a la Dra. Clara Lachapelle. Asegún su testimonio, a pesar de manifestar un estado crítico de salud, la asistencia inmediata brilló por su ausencia. Imagínense la angustia de llegar a un hospital buscando auxilio y encontrarse con un “tigueraje” de indiferencia. La situación escaló a un altercado verbal, una “chercha” amarga, ante la supuesta negativa de proceder con el registro y la atención. Este tipo de incidentes, lamentablemente, no son aislados y resaltan la necesidad de humanizar aún más la atención en nuestros hospitales públicos, que, aunque a veces limitados de recursos, deberían ser santuarios de esperanza y no focos de frustración.
Es “jevi” ver cómo estas vivencias no solo impactan la salud física, sino también la mental. La usuaria calificó la experiencia como crítica, subrayando cómo la falta de empatía puede dejar una huella profunda. A menudo, los centros de salud como el Pedro Emilio de Marchena en Bonao son reconocidos por su pulcritud y organización, una “guagua” que va por buen camino en infraestructura. Sin embargo, el comportamiento de un personal desentendido puede empañar de “una vez” la labor “bacana” de otros profesionales dedicados que sí se fajan por el pueblo. La confianza en el sistema de salud se erosiona cuando el trato humano se relega a un segundo plano.
La viralización del video en las plataformas digitales ha sido un “klk” que ha provocado un “viaje de” reacciones, invitando a otros ciudadanos a compartir sus propias experiencias. Esto abre un debate crucial sobre la supervisión y los protocolos de atención en emergencias. ¿Estamos fallando en la capacitación del personal o en la supervisión de que estos protocolos se cumplan? La Dirección del hospital y las autoridades regionales de salud, como el Servicio Nacional de Salud (SNS), tienen la “pelota en su cancha” para investigar a fondo este suceso. Es imperativo que se revisen los mecanismos de control para asegurar que, en momentos de vulnerabilidad, los pacientes reciban un trato digno y la atención pronta que demandan.
Este caso nos recuerda la importancia de la rendición de cuentas en el sector público. En un país donde el acceso a servicios de salud de calidad es un derecho fundamental, cada denuncia es una señal para mejorar. No es solo cuestión de infraestructura o equipos; es principalmente sobre el compromiso humano y la vocación de servicio. La gente en el “patio” espera que sus denuncias no caigan en saco roto, que haya consecuencias y, sobre todo, que se implementen medidas correctas para evitar que situaciones como esta se repitan. Un trato cálido y eficiente no es un lujo, es una necesidad básica en cualquier centro de salud que se precie de serlo.
En definitiva, la situación en Bonao con el Hospital Pedro Emilio de Marchena no es solo una anécdota, es un llamado de atención para todo el sistema de salud dominicano. Es una oportunidad para reflexionar sobre la humanización de la medicina y el respeto que todo paciente merece. Esperamos que este incidente sirva para fortalecer la atención y el compromiso de nuestro personal de salud, para que cada dominicano que acuda en busca de ayuda, encuentre manos dispuestas y corazones empáticos. Que no se quede en un simple “coro” de quejas, sino que se convierta en una mejora palpable para todos.
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