En esta media isla, donde la resiliencia es el pan de cada día, historias como la de Mariano Paulino Henríquez, un hombre de 81 años con 69 de servicio ininterrumpido como limpiabotas, nos tocan el alma. Es una verdadera ‘vaina’ ver cómo, a su edad, aún se le niega la pensión que ha solicitado desde el año 2025, recibiendo la misma respuesta en las oficinas gubernamentales: ‘Cada vez que voy, me dicen que no ha salido’. Esta situación resalta la lentitud y, a veces, la indiferencia de nuestro sistema previsional ante ciudadanos que han dedicado toda una vida al trabajo honrado. La espera por su pensión, que por derecho le corresponde, es una realidad que enfrenta con una sonrisa, demostrando un espíritu inquebrantable.
Mariano no es un limpiabotas cualquiera; es una institución viviente en la esquina de Barra Payán, en la calle San Juan Bosco con avenida 30 de Marzo. Desde los diez años, este ‘tigueraje’ ha estado ahí, observando el ir y venir de generaciones, el cambio de gobiernos y la evolución de Santo Domingo. Su rostro, marcado por las arrugas de la labor, transmite una sabiduría y una paz que solo los años de experiencia pueden otorgar. Su constancia es un testimonio de la ética de trabajo dominicana, ese empeño de echar pa’lante sin importar las adversidades, una cualidad que ha caracterizado a muchos dominicanos que, como él, han construido sus vidas con el sudor de su frente.
El caso de don Mariano no es aislado; muchos de nuestros adultos mayores en la República Dominicana se enfrentan a un laberinto burocrático para obtener lo que por ley les pertenece. La informalidad laboral durante décadas deja a una gran parte de la población sin la cobertura adecuada para una vejez digna, obligándolos a seguir en las calles hasta que el cuerpo aguante. La historia de Mariano es un reflejo de ese sector que, a pesar de no haber cotizado formalmente toda su vida, ha contribuido inmensamente al tejido social y económico del país, mereciendo una respuesta y un apoyo ‘de una vez’ por parte de las autoridades.
Asegún cuenta, su jornada empieza temprano, bien antes de que el sol caliente. Se levanta a las cinco de la mañana, toma su ‘guagua’ desde Haina y a las seis ya está en su puesto, listo para atender a su clientela. No solo lustra zapatos; para asegurar el sustento de su familia, también se busca el pan ‘parqueando carros’ y vendiendo periódicos, demostrando un ingenio y una capacidad de adaptación ‘jevi’. Esa versatilidad es común entre los trabajadores informales dominicanos, quienes a menudo tienen varios oficios para llegar a fin de mes, una muestra clara de su empeño y su ‘bacano’ espíritu de lucha.
A lo largo de sus casi siete décadas en la misma esquina, Mariano ha visto desfilar por su puesto a un ‘viaje de’ figuras importantes de la vida pública dominicana, desde expresidentes como Leonel Fernández hasta comunicadores y artistas como Álvaro Arvelo hijo y Secreto El Famoso Biberón. Esto convierte su esquina en un verdadero ‘coro’ de historias y anécdotas, un punto de encuentro donde la historia se cruza con lo cotidiano. Su amabilidad y su ‘chercha’ natural le han ganado el aprecio de todos los que lo conocen, convirtiéndolo en un personaje querido y respetado en su comunidad.
A pesar de todo, Mariano Paulino Henríquez mantiene su frente en alto y una sonrisa que inspira. Su esposa ya está pensionada, lo que quizás hace su propia espera aún más agridulce. Mientras tenga fuerzas para trabajar, él seguirá ahí, digno y trabajador, pero su deseo más profundo es poder recibir la pensión que ha ganado con casi siete décadas de esfuerzo. Es un llamado a las autoridades para que pongan atención a casos como el suyo, y que esta ‘vaina’ de la burocracia no opaque la dignidad de nuestros ancianos.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




