¡Qué vaina se ha armado en Jardines del Norte! Los moradores de este pujante sector del Distrito Nacional se han levantado con fuerza, como un solo hombre, para hacerle frente a lo que ellos consideran una “falta de respeto” del gobierno. La gente de Jardines del Norte, junto a vecinos de Claret, Los Próceres, Los Ríos y La Yagüita, salieron a la calle con pancartas y el grito al cielo, manifestándose contra la supuesta intención de ampliar la Avenida Los Próceres, una movida que, según ellos, borraría del mapa importantes áreas verdes y hasta tocaría la Iglesia San Mauricio Mártir. No es un coro de gente vaga, mi gente, es la comunidad defendiendo lo suyo con to’ y los hierros.
El meollo del asunto, la chispa que encendió este fuego, es la amenaza directa al Parque Crisantemos, un pulmón vital que hace poco fue remozado con una inversión considerable, y del cual los niños disfrutan de lo más bien con sus juegos infantiles. ¡Imagínate tú, una inversión que ahora peliaría con una nueva obra! Además, parte de la Parroquia San Mauricio Mártir S. J. también está en la mira, lo que ha puesto el “tigueraje” de la fe y la comunidad en pie de lucha. No es que la gente se oponga al progreso o a la mejora del tránsito vial, ¡ni de cerca! Lo que proponen, con dos dedos de frente, es buscar soluciones más inteligentes y menos destructivas, como la construcción de un puente o un desnivel que no le haga daño a nuestras áreas verdes, especialmente en el cruce de Los Próceres con la República de Colombia.
La defensa de estos espacios verdes no es solo una “chercha” pasajera, sino un grito de conciencia sobre la importancia de la planificación urbana sensible. En una ciudad como Santo Domingo, que crece a un ritmo de guagua sin freno, las áreas verdes son como el oxígeno que nos permite respirar. Históricamente, hemos visto cómo el desarrollo vial a menudo se come estos “pedacitos de cielo” sin mucha contemplación. La gente de Jardines del Norte está sentando un precedente importante, al exigir que el “consenso” y la “comunicación” sean los pilares antes de que se metan mano a proyectos que afecten directamente la calidad de vida de los residentes. No es de ahora que la gente se queja de que el gobierno hace las cosas “a espaldas de la comunidad”, y eso no es para nada bacano.
Elías Acosta, un dirigente comunitario de la Junta de Vecinos Yagüita de los Jardines, lo dejó bien claro: aquí hay una comunidad que merece respeto y que no se quedará callada. La idea de “invertir sobre inversiones” -remocelar un parque para luego destruirlo- es un “disparate” que pocos entienden, como bien señaló Maribel Nín, otra residente indignada. Esta situación resalta la necesidad de una visión a largo plazo por parte de las autoridades, donde cada peso invertido tenga un propósito duradero y no se vea comprometido por planes futuros que parecen improvisados. Es un llamado a la coherencia y a la responsabilidad gubernamental, para que no se desperdicien recursos ni se sacrifiquen bienes comunitarios tan valiosos.
La movilización no termina ahí, mi gente. Los moradores, con ese espíritu dominicano de no dejarse “coger de pendejo”, tienen pautada otra manifestación para el próximo lunes a las 7 de la noche, reafirmando que están “dispuestos a luchar a muerte” para que no les toquen “un árbol”. Esto demuestra una vez más el poder de la unión comunitaria cuando siente que sus derechos están siendo vulnerados. El pueblo está hablando, y es el momento de que las autoridades, desde el Ministerio de Obras Públicas hasta el Palacio Nacional, se sienten a escuchar y busquen soluciones que beneficien a todos, sin atropellar el patrimonio verde que tanto nos hace falta. Esperemos que el diálogo prevalezca y que esta “vaina” se resuelva de la mejor manera para el bien de todos y el futuro de nuestros “pulmones” urbanos.
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