La República Dominicana ha puesto pila de dinero y esfuerzo en construir una infraestructura digital que, para ser sinceros, está de lo más bien. Hemos avanzado un viaje en conectividad, alcanzando más del 80% de penetración, lo que es bacano. Pero asegún el informe Perspectivas de la digitalización 2025 de T al Cubo, la verdad del caso es que toda esta inversión en tecnología no se ha traducido en una capacidad de innovación local ni en productividad. ¡Una vaina bien preocupante, klk!
Este estudio destapa lo que ellos llaman la “trampa de los inputs”, que es como decir que estamos gastando un dineral en conectividad, educación digital y equipos, pero los resultados en innovación y desarrollo tecnológico no se ven por ninguna parte. Es como comprarse la guagua más chula del mercado y dejarla parqueada sin darle uso para generar chelitos. La vaina es que, mientras nos jactamos de nuestra robusta infraestructura, en el Global Innovation Index hemos ido de picada, cayendo del puesto 90 al 97 entre 2020 y 2025. ¡Nos estamos quedando atrás, señores!
Lo más serio es la dependencia bárbara que tenemos de soluciones tecnológicas de afuera. Se estima que para el 2025, el país gastará unos 300 millones de dólares solo en inteligencia artificial, y de ese montón, el 99% se va en vainas desarrolladas en el extranjero. Eso es un lío, porque no estamos generando conocimiento propio. Producimos apenas cuatro patentes al año, ¡imagínense! Y para colmo, los cerebritos de aquí, los que sí tienen la capacidad de inventar, se están yendo a buscar oportunidades fuera, un fenómeno conocido como la fuga de talento que nos deja cojos.
Las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) también están en la misma. Muchas aún operan con procesos manuales, sin integrar herramientas digitales avanzadas, lo que las deja en desventaja competitiva. Es un coro que necesita que el tigueraje dominicano se meta de lleno, no solo a consumir, sino a crear sus propias soluciones. Si no nos ponemos las pilas para integrar estas empresas al ecosistema digital de manera efectiva, se nos va a ir el tren del desarrollo y la productividad.
A nivel global, la digitalización es la clave del desarrollo económico y social. Muchos países emergentes enfrentan desafíos similares a la República Dominicana, donde la brecha entre la inversión en infraestructura y la generación de valor local es palpable. Este escenario resalta la necesidad de políticas públicas más agresivas que fomenten la investigación y desarrollo, ofrezcan incentivos a los emprendedores locales y fortalezcan la conexión entre la academia y la industria. No se trata solo de tener internet rápido, sino de qué hacemos con él.
El informe de Tabuga no es para desanimarnos, sino para que nos pongan las pilas, porque advierten que tenemos una ventana de oportunidad de entre 18 y 24 meses para hacer los ajustes necesarios. Si no pasamos de ser meros consumidores de tecnología a generadores de valor, podríamos consolidar un modelo donde invertimos y producimos datos a borbotones, pero sin capturar los beneficios económicos que esos datos deberían traer para nuestra gente y nuestra economía. Es hora de que el talento dominicano dé un palo y cambie esta narrativa.
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