El Consejo Dominicano de Unidad Evangélica (CODUE), a través de su presidente, el pastor Feliciano Lacen Custodio, ha lanzado un llamado de atención que resuena en cada hogar dominicano: hay que apretarse los bolsillos ante el inminente impacto de la crisis global. Esta advertencia no es una chercha ni una vaina de relajo, sino una preocupación genuina por el futuro económico de nuestra gente. En un contexto donde la inflación global y las disrupciones en las cadenas de suministro aprietan de verdad, el mensaje de CODUE busca despertar la responsabilidad colectiva ante lo que se avecina.
Lacen Custodio ha sido claro en su advertencia: la Clase Media dominicana será la más afectada. Y no es para menos, mi gente. Históricamente, este sector de la población, que con tanto esfuerzo se levanta día a día, no recibe los beneficios económicos directos que a menudo se dirigen a los más vulnerables, ni cuenta con la holgura de los sectores más pudientes para capear el temporal. Esta situación pone a la clase media en una posición bien frágil, obligándola a estirar su presupuesto como un chicle para poder mantener su calidad de vida en medio de los constantes aumentos de precios.
CODUE ha hecho un énfasis importante en que el país no puede permitirse que las crisis internacionales se conviertan en la excusa perfecta para el tigueraje interno y la profundización de la desigualdad. Se hace un llamado a la transparencia y a una supervisión efectiva, porque está de lo más claro que algunos comerciantes y productores se aprovechan de la coyuntura para meterle un viaje de aumento a los productos de primera necesidad, descontrolando los precios y afectando el bolsillo del dominicano de a pie. Esta vaina no puede seguir así, y es hora de que se apliquen medidas correctivas firmes.
Aunque el Gobierno ha implementado algunas medidas positivas, como la supervisión de precios y la reactivación del subsidio a los fertilizantes —vaina que es un bacano para nuestros agricultores—, Lacen Custodio subraya que hay que ir más allá. Es crucial fortalecer los programas sociales dirigidos a los sectores más vulnerables y reasignar recursos desde áreas menos prioritarias. Además, se ha puesto sobre la mesa la necesidad de eliminar las trabas para la instalación de energía renovable, lo que no solo aliviaría la carga en el consumo de combustibles, sino que también nos pondría en una ruta más sostenible. Y ni hablar de contemplar la alternabilidad en los empleados públicos para desahogar un poco el tránsito y reducir el consumo de gasolina, ¡que eso sí es una buena idea!
En este panorama, el CODUE ha ratificado su compromiso de acompañar al pueblo dominicano, haciendo un llamado a la unidad, la prudencia y la solidaridad. Porque al final del día, la unión hace la fuerza y solo trabajando juntos, con cabeza fría y corazón caliente, podremos superar este desafío económico que nos ha tocado vivir. Es un momento para demostrar de qué pasta estamos hechos los dominicanos, con esa resiliencia que nos caracteriza y ese espíritu echao’ p’alante que siempre nos saca de cualquier apuro. La economía dominicana ha mostrado ser robusta en otras ocasiones, pero necesita ahora más que nunca la participación consciente de todos sus actores.
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