¡Klk, mi gente! La Organización Panamericana de la Salud (OPS) se ha puesto las pilas y acaba de soltar unas guías bien chulas. El objetivo es fortalecer los cuidados a largo plazo en nuestra región, América Latina y el Caribe. Esta vaina es cada vez más necesaria, con un viaje de gente mayor y personas con dependencia que precisan ayuda. El sistema actual, asegún la propia OPS, le está dando agua por un lado. Es una realidad que nos está cayendo encima con el rápido envejecimiento de la población, y hay que bregarla de una vez por todas. La necesidad de atender a nuestros adultos mayores y a quienes no pueden valerse por sí mismos es una prioridad impostergable.
Y es que no es relajo, se calcula que el 14.4% de la gente de 65 años o más, unos ocho millones de personas, ya necesitan estos cuidados a largo plazo. ¿Y lo más preocupante? Que para el 2050 esa cifra podría subir al 16%. Esto va más allá de bañarse o vestirse, mi hermano. Hablamos de apoyo integral para actividades cotidianas que muchas veces damos por sentadas, como moverse o tomar los medicamentos. Patricia Morsch, asesora regional de la OPS, lo dejó claro: son todas esas actividades, con o sin pago, que ayudan a mantener o mejorar la capacidad funcional de una persona, y es algo que se acentúa con la edad.
Históricamente, el peso de estos cuidados ha recaído sobre los hombros de la familia, mayormente de las mujeres, que lo hacen sin remuneración ni el apoyo que se merecen. ¡Eso es una carga, señores! Es una inequidad de género que nos tiene que doler, porque estas mujeres son unas guerreras que se fajan día a día, sin tregua. La OPS hace hincapié en que las políticas deben considerar no solo al que recibe el cuidado, sino también al que lo da. Hay que darle apoyo a ese ‘tigueraje’ que se faja por su gente. La pandemia del COVID-19, aunque fue una tragedia, sirvió para que se nos abrieran los ojos y viéramos lo importante que es tener sistemas de salud y protección social integrados y centrados en la persona.
Las nuevas directrices de la OPS forman parte de su Política Regional sobre Cuidados a Largo Plazo (2025-2034) y buscan traducir esa visión en acciones concretas. Imagínate, estas guías, elaboradas en coro con la OIT y el BID, abordan temas vitales: los cuidados centrados en la persona, los derechos de los cuidadores (sean pagados o no), y cómo gobernar y financiar estas estructuras de cuidado para que sean sostenibles. Esto es un paso bacano para asegurar la dignidad y la autonomía de nuestros mayores y personas dependientes. Es un esquema que se centra en el bienestar del individuo y de quienes lo asisten.
Aquí en el patio, y en toda la región, estamos viendo un aumento en enfermedades no transmisibles y trastornos neurológicos y de salud mental, que, combinados con el envejecimiento, nos están poniendo en un aprieto. El problema no es solo la escasez de personal cualificado para estos trabajos, sino también la poca valoración de esta labor tan fundamental. La OPS insiste en que los cuidados no deben limitarse a instituciones; hay que llevarlos a los hogares y las comunidades, donde la gente se siente más cómoda y puede mantener su independencia. Es un enfoque que prioriza la vida en el entorno familiar.
Este lanzamiento cae como anillo al dedo, justo a mitad de la Década del Envejecimiento Saludable de las Naciones Unidas (2021–2030), donde los cuidados a largo plazo son una prioridad global. Fortalecer estos servicios es clave para tener sistemas de salud y protección social más equitativos y centrados en las personas. Así que, ¡a echar pa’lante con esta vaina! Hay que asegurar que todos tengamos una vejez digna y con los cuidados que nos merecemos, porque a todos nos toca.
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