¡Se armó el ‘coro’! El paro nacional de enfermería en hospitales y centros de primer nivel, convocado para el 18 y 19 de mayo, se mantiene firme, mi gente. Ni la reunión que les armó el presidente Luis Abinader en el Palacio Nacional ha logrado que el ‘tigueraje’ de enfermería afloje. La Coordinadora Nacional de Enfermería ha sido clara: hasta que no haya acuerdos concretos y, más importante aún, firmados, la lucha sigue. Están cansados de promesas vacías y la ‘vaina’ es que quieren resultados palpables, como debe ser, de una vez.
Este no es un capricho cualquiera, es la acumulación de años de reclamos y promesas incumplidas. Los gremios han estado negociando con las autoridades por un viaje de tiempo, unos cinco años para ser exactos, sin que el Gobierno ni el Servicio Nacional de Salud (SNS) hayan honrado todos sus compromisos. Por eso ahora, Ramón Rodríguez, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores de Enfermería (Sinatrae) en Santiago, lo sentenció clarito: ‘La única forma de negociar ahora será con acuerdos firmados’. ¡Así mismo es! El ‘personal de enfermería’ ya no está para ‘chercha’ ni para que los cojan de pendejos con palabrerías.
Entre las demandas principales, que no son pocas, figura la reclasificación del personal de enfermería, un aumento salarial que valga la pena, el reconocimiento del tiempo en servicio, el nombramiento de personal que está en lista de espera y, sobre todo, mejores condiciones laborales para licenciadas, técnicas y auxiliares. Imagínense que una enfermera licenciada apenas devenga 41 mil pesos mensuales, y las técnicas y auxiliares andan por los 36 mil. ¡Esa vaina está muy por debajo de lo que merece un profesional que trabaja 24/7 cuidando la salud del pueblo!
Además de la situación salarial, el sector de enfermería ha denunciado un déficit crítico de más de siete mil enfermeras a nivel nacional. Esta ‘vaina’ no es juego, mi gente; un faltante de personal tan grande afecta de manera directa la calidad de los servicios en los hospitales públicos y el cuidado que se le puede dar a cada paciente. La enfermería es el pilar de cualquier sistema de salud, son quienes están al pie de la cama, garantizando la continuidad de los medicamentos y el cuidado indispensable. Sin ellas, el sistema colapsa, así de simple.
El clamor por la reclasificación de supervisores y personal profesional que no han visto sus ingresos ajustados, con pérdidas que pueden superar los 14 mil pesos mensuales, es otro punto álgido. Esto no solo es injusto, sino que desmotiva a una profesión ya de por sí demandante. También exigen que se nombre al personal contratado durante la pandemia del COVID-19, muchos de los cuales se fajaron con la gente cuando la cosa estaba más ‘jevi’ y ahora están en el aire. La paciencia se les agotó y lo que quieren es acción, no solo buenas intenciones.
En un país como el nuestro, donde el sistema de salud público enfrenta sus propios desafíos, tener al personal de enfermería en esta ‘lucha’ pone en jaque la atención a miles de dominicanos. La exigencia de acuerdos firmados no es un simple detalle burocrático; es la garantía de que sus derechos serán respetados y que el gobierno asumirá la responsabilidad de mejorar las condiciones de quienes, día tras día, se entregan a la noble labor de cuidar la vida. Es un momento crucial para demostrar que la palabra empeñada tiene valor y que se valora a quienes cuidan nuestra salud.
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