¡Klk mi gente! Imagínense esta vaina: los Oklahoma City Thunder arrancan el tercer partido de las Finales de Conferencia Oeste perdiendo 15-0 de una vez. ¡Un palo así de temprano! El coach Mark Daigneault no perdió el tiempo y tiró el tigueraje del banquillo a la cancha. Y, ¡ay mi madre!, la historia cambió en un abrir y cerrar de ojos, demostrando que en el baloncesto, como en la vida, a veces los que vienen de atrás son los que echan el pleito. Esta Victoria de OKC sobre los Spurs, más que un partido de Shai Gilgeous-Alexander, fue un concierto del equipo completo, especialmente de esos muchachos que esperan su turno.
La verdad sea dicha, este banquillo de OKC está más sólido que el concreto del malecón. Han sido la verdadera chispa de este equipo en estas finales, y con todo el respeto que se merece el MVP Shai, quien siempre está en lo suyo, son ellos los que están a ley de dos victorias para que los Thunder vuelvan a las Finales de la NBA. Desde el primer partido, donde metieron 50 puntos saliendo del banco, y luego 57 en el segundo, ya se veía que venían duros. Pero el viernes, ¡ahí sí fue que se botaron! Se metieron un viaje de 76 puntos, la cifra más alta para un banquillo en unas finales de conferencia desde que la NBA adoptó el formato de 16 equipos en 1984. ¡Para que ustedes vean la magnitud de la vaina!
Esa noche, solo dos titulares del Thunder llegaron a dobles figuras: Shai con sus 26 puntos acostumbrados y Chet Holmgren con 14. Pero el resto del equipo, o sea, el banquillo, cargó con la guagua sin problema. Jared McCain se soltó con 24 puntos, su mejor marca en playoffs, demostrando que está para grandes cosas. Jaylin Williams, el alero (ojo, que el base Jalen Williams sigue a pie por el isquiotibial), encestó cinco triples como si nada y clavó 18 puntos, también un récord personal en postemporada. Y ni hablar de Alex Caruso, que metió 15 puntos y ya acumula 63 en esta serie, su mejor racha anotadora en tres partidos. ¡Esa es la chercha que queremos ver!
Lo más bacano de todo es que el 62% de los puntos de los Thunder en ese partido vinieron de sus suplentes. ¡Imagínense eso! Ningún equipo en las últimas cuatro décadas ha logrado algo así en una victoria de finales de conferencia. Esto no es solo una racha; esto habla de una profundidad de plantilla que muchos equipos quisieran tener. En un baloncesto moderno donde las superestrellas son claves, tener un tigueraje en el banquillo que responda con esa calidad es oro puro. No es solo el talento individual, sino la cohesión, la preparación y la capacidad de entrar al juego de una vez a cambiar el ritmo, algo que Mark Daigneault ha sabido cultivar.
Este desempeño colectivo del banquillo de OKC no solo les dio la victoria, sino que también les infunde una confianza brutal para lo que resta de la serie. Ya no son un equipo de una o dos figuras; son un verdadero coro donde cualquiera puede prender la mecha. Con un banco así de enchufado, la presión sobre Shai y Holmgren disminuye, permitiéndoles jugar más relajados y eficientes. La capacidad de rotar jugadores y mantener la intensidad defensiva y ofensiva durante los 48 minutos es un arma letal en los playoffs, donde el cansancio y las lesiones pueden hacer estragos. Si el ‘tigueraje’ del banquillo sigue con este nivel, los Thunder están de lo más bien encaminados para hacer historia.
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