¡Ay, mi gente! Ricardo Nieves, ese ‘tiguere’ que no se anda con rodeos, ha vuelto a prender el ventilador y, klk, tiene razón. En pleno Jueves de Corpus Christi, el comunicador soltó una ‘vainita’ que nos dejó pensando: la República Dominicana lidera, ¡ojo!, la venta de iPhones de Apple y de ‘jeepetas’ en América Latina. Eso, en sí mismo, podría sonar a bonanza, a que la economía está de lo más bien. Pero el pique llega cuando se contrasta con una realidad que nos da en la mismísima cara: los niveles de rendimiento en Educación, especialmente en matemáticas, ciencias y lectoescritura, están por el suelo, siendo de los peores del continente. ¿Cómo se come eso? Es como tener el mejor carro del bloque y no saber manejarlo.
Esta paradoja que señala Nieves no es una chercha; es un reflejo de prioridades nacionales y una cultura de consumo que parece estar montada en la guagua del “aparentar”. Mientras se invierten ‘un viaje de’ cuartos en dispositivos de lujo y vehículos que muchas veces superan nuestra capacidad real de adquisición, la inversión en capital humano, en el desarrollo de nuestras mentes jóvenes, queda como la Cenicienta del cuento. Este desfase tiene consecuencias profundas, afectando no solo el potencial individual de nuestros muchachos y muchachas, sino también la competitividad del país a nivel global. Un pueblo con deficiencias en habilidades básicas no puede aspirar a industrias de alta tecnología o a desarrollar una economía del conocimiento, por más chulas que sean las herramientas que consume.
Es una locura pensar que la mayoría de esos iPhones, esos aparatajes tan jevis, terminan siendo usados, según Nieves, para ver videítos de TikTok, pornografía, y otras “basuras digitales”. Esto no es un ataque a la tecnología, sino una crítica al mal uso que le damos, al no aprovechar su potencial educativo o productivo. La tecnología debería ser un puente hacia el conocimiento y el progreso, no solo un juguete caro que perpetúa el bajo rendimiento intelectual. La falta de alfabetización digital real, más allá del consumo pasivo, es un síntoma de un problema estructural en nuestra formación, donde no estamos enseñando a nuestros estudiantes a pensar críticamente ni a utilizar estas herramientas para su beneficio académico o profesional.
Este escenario nos obliga a darle cotorra a un asunto serio: ¿estamos construyendo el futuro o simplemente viviendo del ‘tigueraje’ del presente? Es crucial que el Gobierno y la sociedad dominicana en su conjunto se pongan para su cosa y prioricen la calidad educativa. Esto implica no solo más recursos, sino una revisión profunda de los currículos, la capacitación de los docentes y la creación de un ambiente que valore el saber por encima del aparataje material. Invertir en Educación es invertir en el desarrollo sostenible, en la capacidad de innovar, de crear riquezas genuinas y no solo de importarlas. Es la única forma de que nuestros jóvenes puedan bregar con los desafíos del siglo XXI y no quedarse atrás en la carrera global por el progreso.
Si bien es bacano ver a la gente con sus cosas nuevas, la verdadera prosperidad de un país no se mide por la cantidad de teléfonos de alta gama o vehículos de lujo en sus calles, sino por la calidad de sus escuelas, la preparación de sus profesionales y la capacidad de su gente para innovar y generar conocimiento. Esa es la ‘vaina’ que hay que cambiar. Necesitamos un cambio de chip, como dicen por ahí, para que la República Dominicana sea líder no solo en ventas de chucherías caras, sino en la capacidad de su gente para pensar, crear y progresar de verdad. La chercha es buena, pero el futuro se construye con cabeza, no solo con cuartos.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




