En nuestra querida República Dominicana, se está viviendo una ‘vaina’ silenciosa y dolorosa que afecta a una de las poblaciones más vulnerables: nuestros adultos mayores. Las cifras que nos presenta la Oficina Nacional de Estadística (ONE) son para sentarse a pensar de una vez: 160 envejecientes se quitaron la vida el último año. Esa es una realidad que nos debería mover el piso, porque detrás de cada número hay una historia de abandono, tristeza y soledad.
La situación en las emergencias médicas del país, como la del Hospital Moscoso Puello, confirma este panorama tan complejo. Asegún las especialistas de allí, un viaje de adultos mayores llega con cuadros depresivos, y la cosa se puso más jevi después de la pandemia, que dejó una ‘meseta’ en los intentos de suicidio. Es como si el aislamiento y la incertidumbre de esos días se quedaron pegados en el alma de nuestros viejitos, agravando condiciones que ya tenían o despertando otras que estaban dormidas. La depresión en esta etapa de la vida no es un chiste; es una enfermedad seria que necesita atención urgente y cercana.
Pero, ¿qué es lo que está llevando a nuestros ‘viejos’ a este extremo? Las doctoras coinciden en que son vainas del corazón y del alma: la soledad que llega cuando los hijos emigran o no los visitan, el sentimiento de sentirse una carga, el maltrato, o la tristeza profunda por la pérdida de un ser querido o de su espacio de vida. En nuestra cultura, donde la familia es la base de todo, es un palo muy duro ver cómo muchos de nuestros envejecientes terminan sintiéndose solos, sin un ‘coro’ que los anime o una mano que los cuide. Esto es un reflejo de que algo no anda de lo más bien en cómo estamos cuidando a quienes nos dieron tanto.
Además, hay un gran estigma que rodea a la salud mental aquí en el patio. A la gente le da vergüenza decir que un familiar tiene depresión o que se quitó la vida. Eso hace que muchos casos no se reporten como realmente son, dificultando la creación de estrategias efectivas para abordar esta crisis. Es un tema que todavía se ve como ‘cosa de locos’, y no como una enfermedad que necesita tratamiento y apoyo, tal cual una diabetes o una hipertensión. Mientras sigamos tapando el sol con un dedo, la ‘vaina’ seguirá creciendo silenciosamente.
Más allá de la depresión, nuestros envejecientes enfrentan un sinnúmero de males que también impactan su estado de ánimo, desde la demencia y los accidentes cerebrovasculares hasta la pérdida de fuerza muscular y problemas de incontinencia. Todo esto, mezclado con la falta de compañía y apoyo, crea un cóctel explosivo para su bienestar. Es por eso que instituciones como el CONAPE, junto con la Ley 352-98 que ampara a la persona envejeciente, son tan importantes. Ellas buscan garantizar que nuestros ‘abuelos’ tengan la asistencia médica, nutricional y social que se merecen, especialmente aquellos que están en situaciones más vulnerables y sin recursos.
Es hora de que como sociedad le pongamos más ‘atención’ a este tema. No podemos darnos el lujo de ignorar esta crisis que afecta a quienes más nos necesitan. Necesitamos más ‘chercha’, más acompañamiento, más paciencia y, sobre todo, mucho amor para nuestros adultos mayores. Que no se sientan una carga, sino el tesoro que realmente son para nuestro país. La clave está en estar presentes, en escuchar sus historias y en asegurarles que no están solos en esta ‘batalla’ de la vida. ¡Es una responsabilidad de todos!
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




