¡Klk con la diplomacia internacional! Resulta que la República Dominicana se abstuvo recientemente en una votación importante en la Asamblea General de la ONU, relacionada con el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba. Esta decisión no fue de la tradicional resolución anual que pide levantar el embargo a Cuba, sino sobre la apertura de un debate urgente para analizar el impacto de esta política que lleva más de seis décadas machacando la economía de la isla. Un viaje de 136 países votaron a favor de ese debate, nueve en contra (incluyendo a Estados Unidos y Argentina), y 30 se abstuvieron, entre ellos nuestro patio, mostrando una postura que, aunque esperada por algunos, no deja de ser interesante en el ajedrez geopolítico del Caribe.
La postura de República Dominicana en este tipo de votaciones internacionales suele navegar en aguas un poco complejas, buscando mantener un equilibrio delicado entre sus relaciones históricas con Estados Unidos, su principal socio comercial, y la solidaridad regional con países del Caribe, incluyendo Cuba. Históricamente, desde la época de Juan Bosch, la diplomacia dominicana ha intentado, con sus altas y sus bajas, mantener cierta autonomía, aunque la cercanía geográfica y económica con la potencia del norte siempre ha pesado. Esta abstención podría interpretarse como un intento de no antagonizar a ninguna de las partes directamente, un ‘tigueraje’ diplomático para seguir la chercha sin quemarse.
El embargo, o ‘bloqueo’ como le llaman los cubanos, data de los años 60 y ha sido un tema recurrente en la agenda de la ONU, que casi anualmente condena su existencia con votaciones abrumadoras. La iniciativa cubana de ahora no buscaba levantar la vaina de una vez, sino obligar a un debate extraordinario que ponga sobre la mesa las implicaciones humanitarias y económicas. La Habana argumenta que este endurecimiento de las sanciones ha provocado una crisis brutal que afecta la llegada de combustible, alimentos y medicinas, dificultando hasta programas de cooperación internacional. Mientras tanto, Washington rechaza esos argumentos, alegando que el gobierno cubano usa el embargo como chivo expiatorio de su propia ineficiencia.
Para Estados Unidos, esta votación fue un revés diplomático, ya que intentó impedir que la iniciativa de Cuba avanzara. Argumentaron que no había razón para tratar el asunto con carácter urgente, pero la mayoría de los Estados miembros no compraron esa idea. Esto pone de manifiesto la continua fractura en la comunidad internacional respecto a este tema, donde muchos países, incluso aliados de EE.UU., no están de acuerdo con la política de las sanciones unilaterales, especialmente cuando afectan directamente a la población civil. Es un recordatorio de que la influencia de Estados Unidos, aunque jevi, no es absoluta en todos los escenarios de la ONU.
El hecho de que la Asamblea General vaya a abrir este debate extraordinario es bacano porque, al menos, generará un espacio para que los Estados miembros expongan sus posiciones de manera más profunda sobre el impacto del embargo. Esto podría generar una mayor conciencia global y, quizás, presiones adicionales para reevaluar la efectividad y la ética de una política tan prolongada. Para el pueblo cubano, que lleva años en una situación difícil, cualquier ‘movida’ en el ámbito internacional que pueda aliviar su situación es un rayito de esperanza. Y el papel de países como el nuestro, en abstenerse, es un reflejo de esa compleja realidad caribeña.
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Ingeniero de Sistemas especializado en Inteligencia Artificial y Automatización de Procesos. Con una trayectoria enfocada en la convergencia entre tecnología de vanguardia y comunicación digital, Ramón lidera la implementación de modelos generativos aplicados al periodismo dominicano. Su trabajo garantiza que la información que llega a la diáspora no solo mantenga nuestra identidad “del patio”, sino que cumpla con los más altos estándares de veracidad y optimización técnica de la web moderna (2026).




