¡Klk, gente! El béisbol, como la vida misma, siempre nos trae una que otra sorpresa, y a veces, hasta una ‘vainita’ que te deja con la boca abierta. Precisamente eso le pasó al reconocido jugador Ty France de los Padres de San Diego, quien se las vio negras con un batazo que pensó que era jonrón de dos carreras, ¡y terminó en un out! Fue en la novena entrada, con el juego apretado contra Milwaukee en el primer partido de la Serie Divisional de la Liga Nacional. La euforia se le fue de las manos de una vez, porque lo que pintaba para gloria, se convirtió en una jugada digna de las comedias más ‘jevis’.
La jugada fue tan rara que ni el mánager de los Brewers, Pat Murphy, ni el mismo France atinaron a lo que realmente iba a pasar. Aseguún la noticia, France creyó que era un bambinazo y Murphy, que se iba de foul. ¡Pero ninguna de las dos! La pelota, en un vuelo altísimo que parecía querer salir del American Family Field, se dio tremendo golpe contra un cable del techo, ¡una vaina del diablo! Y pa’ colmo de males para los Padres, cayó mansita en el guante del jardinero izquierdo de los Brewers, Jackson Chourio, en la zona de advertencia. ¡Un out de chercha pura!
Ese batazo de France fue el segundo out de la entrada, y después de un out más, los Brewers se llevaron el partido 3-2, poniéndose por delante en esta serie a cinco juegos. El mánager de los Padres, Craig Stammen, reveló que justo ese día habían bromeado en la reunión de árbitros sobre qué pasaría si una pelota pegaba en el techo. ‘Era improbable, pero pasó’, dijo. ¡Qué casualidad más extraña! Por su lado, el cerrador de los Brewers, Trevor Megill, quien fue el que lanzó ese batazo, confesó que en sus cuatro años allí nunca había visto una cosa igual. No sabía ni qué decisión tomar hasta que el árbitro le aclaró que la pelota, aunque chocara con el techo, seguía en juego. ¡Imagínate la cara de la gente!
Aquí viene lo interesante del asunto: según las reglas de ese estadio, cualquier pelota que impacte el techo o sus cables en territorio válido, sigue siendo una pelota en juego que se puede atrapar para un out. Los Padres intentaron impugnar, alegando que era de foul, pero no tuvieron suerte. France, por su parte, estaba convencido de que la pelota iba para la calle si no hubiese tocado el cable. Con un ángulo de lanzamiento de 49 grados y una velocidad de 105.3 mph, era un ‘palo’ que la mayoría de las veces termina en jonrón. ¡Pero el cable se le cruzó en el camino, esa sí fue la mala suerte del ‘tigueraje’!
De acuerdo a Statcast, desde 2015, no se había conectado un jonrón en ese estadio con un ángulo superior a 46 grados, y en toda la MLB, solo diez batazos con 49 grados o más han salido del parque. O sea, el de France tenía toda la pinta de jonrón. Y no es la primera vez que los Padres se encuentran con un desenlace así. La noticia recuerda otro caso el 28 de agosto, cuando Xander Bogaerts vio cómo un posible cuadrangular suyo en el Tropicana Field de Tampa Bay impactó en una pasarela y fue atrapado, frustrando el batazo que Statcast proyectaba a 386 pies. ¡Es como si el universo conspirara a veces!
France, como es lógico, está ‘furao’ con la situación y se pregunta si con tanta tecnología y datos que hay hoy en día, no se puede tener un protocolo más claro para estas jugadas. ‘Uno pensaría que con toda la tecnología, podríamos tomar una decisión clara al respecto’, expresó. Para él, si es obvio que era jonrón, debería contarse como tal. Sin embargo, el mánager Murphy no estaba tan de acuerdo, asegurando que el batazo iba de foul. ¡Una verdadera discusión de béisbol, de esas que arman un ‘coro’ en cualquier esquina!
Jackson Chourio, el que atrapó la pelota, admitió que no estaba seguro de la regla ni de si la pelota había golpeado algo, pero sintió que la tenía controlada. Finalmente, Megill cerró el juego retirando a Jackson Merrill, asegurando la victoria para los Brewers. Y para cerrar con broche de oro, el mánager Murphy le echó la bendición al veterano locutor Bob Uecker, una figura querida en la historia de los Cerveceros, a quien atribuyó el ‘milagrito’ de que la pelota se desviara para que Chourio la pudiera atrapar. ¡Así es el béisbol, con sus héroes y sus leyendas, vivas o no!
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